miércoles, 26 de abril de 2017

Sufragio universal, el cáncer de cualquier democracia

Hemos terminado creyendo que uno de los principales signos de salud democrática ha sido la consecución del sufragio universal. Se le reconoce como algo imprescindible anclado a todo sistema político moderno y yo pienso contrariamente que es el cáncer de cualquier democracia. Uno de los valores más representativos de la democracia es la libertad y ésta en pocas ocasiones se utiliza a sabiendas de su significado. Tomamos como libertad el derecho a hacer lo que nos plazca como si por el simple mérito de nacer no tuviésemos ningún camino vedado, basándonos entre otras situaciones en la ridiculez de que todos los seres que convivan dentro de una misma sociedad y de una mismas reglas conjuntas fuéramos exactamente iguales, cuando no es así. Vamos a intentar ordenarlo un poco.


El artículo 23 de la Constitución Española señala lo siguiente:

"1.- Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.

2.- Asimismo, tienen derecho a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos, con los requisitos que señalen las leyes."

Y completaremos con el apartado 2 del artículo 13:

"Solamente los españoles serán titulares de los derechos reconocidos en el artículo 23, salvo lo que, atendiendo a criterios de reciprocidad, pueda establecerse por tratado o ley para el derecho de sufragio activo y pasivo en las elecciones municipales."

Es decir, que marca una primera excepción en relación a los extranjeros que atendiendo a criterios podrán ejercer el derecho a sufragio activo y pasivo, es decir, votar en sus municipios y presentarse a las listas. Ya fuera del desarrollo legal de nuestro sufragio vamos a continuar.

El sufragio universal español -y ahora vamos a hablar de elecciones generales y autonómicas- se implementa a cada ciudadano con el mero cumplimiento de la mayoría de edad. Todos disponemos de este derecho, hombres y mujeres como es lógico, y solamente en resumidas cuentas lo podemos perder en los casos de ser condenados por sentencia judicial firme que nos prive de dicho derecho, tanto si ingresamos en un penal, en un psiquiátrico o somos consideramos incapaces.

Es justo en este punto cuando abro dos posibilidades complementarias distintas a las actuales. La primera es muy similar las normas para obtener el carnet de conducir. La consecución de la mayoría de edad no te otorga el derecho invencible de poder coger un coche y conducir libremente, sino que te abre la posibilidad de formarte para presentarte ante un tribunal y enriquecer el derecho de libertad deambulatoria haciendo uso de vehículos de motor. Todos los ciudadanos españoles mayores de edad interesados en formar parte activa del sufragio deberían pasar un examen de ciudadanía. Lo que no es normal es que posiblemente en España el 70% de sus votantes sigan pensando que eligen a los candidatos directamente, como si dispusiéramos de un sistema presidencialista. Una ignorancia total sobre la participación y el poder de nuestro derecho. Esto cerraría la primera parte del proceso. No voy a entrar a debate sobre los requisitos para dicho examen, simplemente abro la posibilidad de una acción activa por parte del español mayor de edad, mostrando un interés y dedicándole un tiempo para ganarse dicho derecho.

A su vez y continuando con mi desarrollo el derecho no sería concedido de manera vitalicia, al igual que se mantendrían las excepciones judiciales actuales para revocarlo, se añadirían nuevas situaciones. Entre las que yo aportaría irían las recogidas a perseguir las vidas basadas en el parasitismo y la evasión fiscal total. Hago hincapié en lo de total, en todas esas vidas fácilmente demostrables que no han aportado jamás a la Seguridad Social pero son los primeros en hacer uso abusivo y prioritario de los servicios públicos de todos. Considero que no todo el mundo puede votar y entiendo que aquel que pueda lo haga al partido que más le interese, pero al igual que circulamos con vehículos formados tenemos que votar conociendo al menos qué votamos.

El voto de un trabajador, vaya al partido político que vaya, no puede tener el mismo valor que el voto de un parásito social con treinta cinco antecedentes penales y en libertad, que con más de treinta años no ha querido trabajar en su vida, que vive de las ayudas y las subvenciones, de la delincuencia y de un aporte nulo al bienestar social siendo el primero en acceder a todo aquello que costeamos el resto.

Una vez argumentadas pueden parecer ideas muy básicas, pero todo lo aquí cuento rompería con la idea de ese sufragio universal que parece la mejor bandera para vender un sistema democrático y convertiría la nueva situación en un derecho al sufragio adquirido y revocable. Esto sí que sería un ejercicio de salud democrática. A partir de aquí el día que haya que votar sí que podríamos hablar abiertamente de "La Fiesta de la Democracia", una fiesta en la que todos hemos aprobado los requisitos de acceso y hemos abonado previamente la entrada.

Por lo general el acceso público y gratuito a cualquier asunto no ha sido signo jamás de calidad. No creo que al igual que nadie quiere compartir asiento en el metro con un mendigo o con un delincuente quiera compartir urna con los mismos. No todos deberíamos tener derecho a votar simple y llanamente por haber ido cumpliendo años.

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