sábado, 22 de abril de 2017

Los negros de la entrada del Mercadona, el periódico La Farola y eltráfico ilegal de personas

Es complicado a día de hoy, por lo menos en la ciudad de Madrid, no terminar encontrándote un negro impávido en la puerta de cualquier Mercadona o de muchos otros tantos supermercados. Dicho lo de negro alejado de todo sentido despectivo, pero no por ello vamos a dejar de obviar la cualidad significativa en cuanto a raza que les une a todos y que en adelante les mostraré la importancia del asunto. Antiguamente ofrecían un periodicucho como La Farola, transportando a España lo que ya se conocía en Nueva York como Prensa Social, algo que nadie leía a cambio de dos euros, uno de ellos destinado a pagarlo y otro a ayudar al necesitado. Normalmente el periódico ni se pedía y se terminaba dando solamente un euro -antiguamente 50ptas costaba la publicación y 150ptas era el apoyo económico- digamos que se producía una especie de transacción ficticia disfrazada, limosna al fin y al cabo. Nada negativo por otra parte, todo el mundo es libre de mendigar si lo desea o necesita y a su vez el resto de viandantes lo es para aportar a cada causa personal que considere. Lo curioso es que los menesterosos de siempre han hecho honor a su significado, es decir, eran personas carentes de lo necesario para vivir, algo que a día de hoy ya no ocurre.




La Farola no es más que una publicación a saltos en el tiempo que recopila en la actualidad artículos sacados de Internet, sin firmas ni de periodistas ni autores. El fundador del medio es el francés Georges Mathis y ya en 1998 fue detenido en Barcelona. Actualmente tiene más de 75 años y se desconoce su paradero. A través de la sociedad La Réverbère desvió los beneficios para lucro personal, alejándose de toda finalidad primitiva que era la de ayudar a los desfavorecidos, con lo que llevaba ya arrastrado consigo en la desgravación con la Agencia Tributaria en diferentes países. Fue denunciado tras no pagar ni impuestos ni aportar nada a la Seguridad Social española. Se le imputaron los delitos de estafa y publicidad engañosa. Después de todo esto parece que se esfumó.

La mendicidad se ha convertido en una profesión como cualquier otra. En España el libre ejercicio de pasar las horas viéndolas venir ejerciendo de mendigo no está penado, salvo que se haga uso de un menor. Una simple carpeta con un único ejemplar de La Farola es el signo y marca de un punto del mercadeo ilegal de la necesidad. La mayoría de ellos no van a hacerte entrega del periódico ya que solamente tienen uno, es un señuelo, es su manera de hacernos creer que están trabajando. Si se quedan sin ningún ejemplar tendrán que ir a comprar más.

De George Mathis bastante poco se sabe. No atiende a ningún medio. Se le ha visto por Alicante hace años en una de las asociaciones desde donde repartía sus ejemplares. Esa misma asociación, la ONG Alicante Acoge, ya en 2001 le responsabilizó de traer ilegalmente rumanos a España. Para colmo ha escrito diversos artículos en diarios extranjeros hablando sobre los problemas migratorios, mostrándose como un caballero de la causa. El teléfono de su editorial Edizione Via Speranza en Turín directamente ni existe ni está recogido en España por ninguna empresa de servicios de telecomunicación. 


Esto fue lo que ocurrió en 1998 con los trabajadores de la asociación de Georges Mathis. Cerró tras fundar otras empresas diferentes y desapareció tras desviar los fondos sin entregar a ningún trabajador carta de despido alguna. El único contenido audiovisual que he conseguido se encuentra en su mitad en lengua cooficial.


Antes del 1 de enero de 2007 Rumanía y Bulgaria no formaban parte de la Unión Europea y por lo tanto eran considerados extranjeros dentro de nuestras fronteras. Los principales vendedores de La Farola por aquel entonces provenían de dichos países. La propia organización de Georges Mathis y su periódico eran los encargados de organizar el efecto llamada para retroalimentar su negocio vendiendo una oportunidad libertaria de una vida mejor. En España las cosas funcionan de una manera muy especial pero en Holanda se dieron cuenta de la historia y cortaron el chiringuito mafioso. En el año 2010 prohibieron la venta de este periódico a rumanos y búlgaros ya que la intención de esta asociación era la de favorecer los intereses de los emigrantes y ambos países ya formaban parte de Europa, por lo tanto ya estaban viviendo en suelo patrio.



A día de hoy observo que la casi la totalidad de sus vendedores son africanos, en su mayoría nigerianos, ciudadanos todos que no disfrutan de la libertad deambulatoria por el Espacio Schengen. Tengo que decir que de vez en cuando mis propios familiares le han facilitado al señor nigeriano del Mercadona comida, víveres alimenticios, como un litro de leche o un paquete de magdalenas y educadamente siempre lo ha agradecido. Esto no lo cuento para que creáis que me convierte a mí en mejor persona, todo lo contrario, de hecho les hice ver que no lo volvieran a hacer jamás, que quien tenía para un Samsung Galaxy tiene para desayunar. Lo más enrevesado de todo es que el mismo día que recibió la ayuda fue a comprarse por la tarde unas gafas de sol a una óptica. Salió de allí muy avergonzado porque quien le atendió y cobró fue la misma persona que horas antes le había entregado los alimentos. Lo curioso de todo es que hablamos de africanos que muchos no llegan a la treintena y que disponen de una capacidad muscular que ya la quisiéramos la mayoría de españoles. No están enfermos, van bien abrigados y disponen de smartphones con líneas dadas de alta que se pueden financiar. Algunos llevan las barbas bien perfiladas y un corte de pelo hasta moderno diría yo. Por lo que he podido leer, Georges Mathis es considerado un dios en Nigeria.

No tengo prueba alguna y que Dios me libre de realizar ninguna acusación, simplemente abro una hipótesis por todas las lecturas acumuladas, pero intuyo que el entramado de Georges Mathis se basaba en la facilitación del paso ilegal de fronteras para todos aquellos que estuviesen dispuestos a vender su publicación una vez llegasen a su destino. Georges Mathis no gana un duro con el aporte que el viandante hace al mendigo, pero con la red de inmigrantes de su mano se asegura la venta del 100% de su publicación. Hasta 150.000 ejemplares a un euro, echen sus cuentas, todo esto sobre la espalda de incrédulos voluntarios y otros tantos trabajadores que dejaron de cobrar. Creo que ha vuelto con la misma fuerza y con la estrategia comercial de posibilitarle la entrada a muchos africanos. Al igual que utilizaba sus bases en Francia, Italia o en Canadá para comerciar directamente con la inmigración Rumana o Búlgara como así aseguraba la propia ONG con la que trabajaba en Alicante, no me cabe ninguna duda de que a día hoy, Georges Mathis junto con su conglomerado de empresas y con las personas que están al cargo de ellas, están haciendo exactamente lo mismo que en 1998.

El sentido de ver diariamente a africanos fuertes y sanos en edad de trabajar echando las horas perdidas en las puertas de los supermercados no viene porque arrastren una condición vaga y poco productiva, sino porque están pagando la deuda que posiblemente años antes contrajesen.

Como escribió Juan José Ferández Sanz en su obra "¡Qué informen ellos!" y dijo así:

"La Reverbere, de George Mathis, -con filiales también en Canadá, Alemania e Italia-, ha llegado a tirar 150.000 ejemplares, convirtiéndose en modelo para otras muchas del género. Como experiencia y actuación social sin duda ha sido positiva, a pesar de los juicios posteriores en que se ha visto involucrado su fundador en la propia Francia, por actitudes presuntamente tachas de xenófobas y racistas- de ser así, sin duda ya no son tan encomiables-; aunque, al parecer, subyace también un trasfondo dinerario y control de la publicación."

En el siguiente link os dejo una artículo sobre La Prensa Social donde se presentan unas bases y se desarrollan un poco llos números de las publicaciones que se vendieron y se siguen vendiendo en España.


Hay que decir que sobre este tema la información no está muy extendida y que el propio periódico El País publicó dos notables aunque escuetos artículos que a pesar de compartir el mismo título para ambos el contenido era dispar. El primero de 13 de mayo de 2001 -ya linkeado en esta publicación- y el segundo de 7 de febrero de 2010.

Vecinos de Alcalá de Henares se han hecho las mismas preguntas y han querido recogerlas en este vídeo de dos minutos.


He encontrado el testimonio de un antiguo trabajador de Georges Mathis que me ha resultado magnífico y sencillamente perfecto para la ocasión puesto que nos nutre con su propia vivencia. Una opinión real como cierre.



Quiero dejar todo este contenido aquí porque no me sorprendería si me termino dando de bruces con un reportaje de investigación de los que capitanea Gloria Serra. Tengo la sensación de que las sombras de Georges Mathis se extienden hasta la actualidad y con la misma o más fuerza que antes. Repito, es tan sólo una ocurrencia mía.

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