martes, 4 de diciembre de 2018

"Sí, eso es verdad, lo he leído en un hilo de Twitter."

Me recuerdo llegando del colegio el primero a mi casa a la espera de uno de esos platos difícilmente reproducibles que sabía hacer una abuela. Cuando entraba por la puerta, ella, que se había pasado toda la mañana haciendo sus labores con la televisión puesta, me contaba la anécdota de la mañana del programa de María Teresa Campos. Como generalmente no se enteraba bien de las cosas, algo muy comprensible con el trasiego de lavadoras que llevaba encima, terminaba sentenciando de la siguiente manera: "Eso es verdad. Lo ha dicho la tele."- mientras yo no podía parar de imaginarme a esa Panasonic de tubo con dos brazos y dos piernas, como un ente físico tangible, con identidad propia, capaz de dar fe cual notario de todas las barbaridades que pudiese decir cualquier cantamañanas. La televisión pasó a convertirse en papel timbrado, sello y rúbrica, sin necesidad de identificar de quién viniese la información. Más que normal, sobre todo cuando hablamos de una generación que se sorprendió más de la llegaba de un televisor que nosotros de la cirugía de un trasplante de cara.


Ahora es cuando viene lo bueno. La semana pasada quedé para cenar. Era un lugar al que no había ido nunca, no ya sólo al restaurante sino más bien a la localidad completa donde se encontraba el mismo. Encontré un aparcamiento cerca, un descampado medianamente bien iluminado donde parecía que los coches pasaban las horas con cierta tranquilidad. Llegué con tiempo y como suelo hacer cuando así ocurre, aproveché para darle una vuelta a la manzana en la que me encontraba, por hacer tiempo y a la vez por inspeccionar un poco el nuevo terreno desconocido. Resultó ser que el descampado se encontraba justo en frente de un instituto de educación secundaria. Debería tener horario nocturno debido a que ya durante aquellas horas la puerta tenía un trasiego de alumnos importante. Me coloqué allí, cercano a la entrada, escuchando el piar de aquellos ya no tan adolescentes, por intentar comprender la brecha generacional que cada vez más veloz va separando quintas más que generaciones.

Una de ellas, una chica ya entradita en años hablaba con un compañero de clase acerca de la resolución judicial en relación al disfrute y pago de la vivienda entre exparejas. Ella, casi ilusionada por tener algo que aportar a aquella charla, saltó como un muelle mientras espetó: "Sí, eso es verdad, lo he leído en un hilo de Twitter." Yo levanté mi cabeza del móvil y esperé atentamente la segunda parte de aquella afirmación. No sé, echaba en falta un nombre, un nick, un analista, un asesor o al menos, qué remedio, un periodista. "Lo he leído en un hilo de @jordievole."- incluso. Con eso me hubiese valido, pero no. Ahí quedo la cosa. La veracidad de la fuente anónima, de los mismos que dicen vivir más informados que nadie.


"Lo he leído en un hilo."- pensé, buscando la mejor manera de intentar comprender aquello. "Lo he leído en un hilo."- me repetía continuamente, intentando buscarle alguna alternativa que no me llevase al pozo más oscuro de mis lamentos. Sonreí, evidentemente, porque aquella supuesta adalid de la generación más preparada de la historia vino a recordarme a aquella abuela que solo sabiendo sumar y restar daba por hecho que todo lo que saliese en televisión era verdad, sencillamente porque lo había dicho la tele. Y para sumarle en desgracia, la diferencia está más que agravada, cuando en la tele de los noventa existían más filtros que los actuales para llegar a darle un micro a alguien y además, mi abuela solamente pisó la escuela para llevar y recoger a mi madre.

Ayer, la parte más ociosa de Andalucía se levantó en armas contra la respuesta más democrática de todas las existentes, las urnas. Ayer, la cuna del neocomunismo más conservador pretendió arrebatarle la razón a una mayoría de votantes que desearon dar simplemente un cambio a cuarenta años de una gestión horriblemente imperdonable. Ayer, aquella chica, os lo puedo asegurar, estaba también en esa manifestación.

Resulta más que curioso que cada vez que gana la izquierda unas elecciones nadie jamás al día siguiente sale a tomar las calles. Piénsenlo durante unos segundos. Luego son ellos los tolerantes, los progresistas, los abiertos, los respetuosos. Luego dicen ser ellos los más demócratas de todos. Imagino que esta mayoría de alborotadores libertarios vivirán cubiertos de razón, más cuando será verdad, ya que lo habrán leído en algún hilo de Twitter. 

Intelectualmente no hemos avanzado absolutamente nada.

viernes, 2 de noviembre de 2018

La única estrategia para recuperar la cordura

Llevo un tiempo pensando en qué realidad pragmática podría aportar desde mi cueva para mejorar la actualidad de mi país, de España, de la nación a la que orgullosamente pertenezco sin tenerle que echar nada en cara, ya que ella no es responsable del mal hacer de quiénes la habitan. Así que quiero aquí plasmar un texto por diversas razones. La primera es dejar resguardo fiable de aquello que pudiese llegar a ocurrir, para al menos permitirme decir aquello de yo lo sabía con pruebas más que irrefutables. La segunda es generar la posibilidad de que esto llegue a ojos o a oídos de alguien y que a su vez ese alguien se lo comente a otro alguien, hasta que por fin, termine aterrizando como si no quisiese la cosa, en el fuego que lo haga corpóreo. La tercera y última, y no menos importante, es sencillamente entretenerme.

La calidad de nuestra democracia está por los suelos, al menos si eres capaz de entender el significado de una verdadera democracia y dispones del mínimo interés en observar el bajonazo tan grande que hemos dado desde el fin de la dictadura. Me refiero al concepto de democracia en su totalidad, poniendo en jaque en todo momento a los tres poderes fundamentales. Formación, calidad, solvencia, autonomía, liderazgo, sacrificio y sobre todo vocación de servicio, son valores del todo inexistentes en cualquiera de estas tres instituciones, independientemente de las razones que hayan llevado a este retrotraimiento de una excelente profesionalidad que a todos nos gustaría reconocerle a la nación a la que pertenecemos. Son estas y no otras, las razones que me han llevado a plantearme una estrategia seria y nada utópica, para abordar desde la coherencia y la sensatez la única manera que disponemos de establecer un nuevo orden.

sábado, 13 de octubre de 2018

La superposición de las diez láminas del Test de Rorschach

Doy por hecho que la gran mayoría de las personas que entráis en este espacio a leer sobre lo que escribo conoceréis el Test de Rorschach. Este test no es más que una prueba proyectiva de psicodiagnóstico que gracias al cine y la televisión consiguió notoriedad entre todos aquellos profesionales ajenos a la interpretación profesional de la misma.

Se compone de un conjunto de diez láminas, las cuales hay que mostrar en un orden y durante un tiempo concreto, para posteriormente evaluar las diferentes respuestas obtenidas ateniendo a diversos criterios, como los de enfrentamiento personal, conflictos internos, impulsos, relaciones, autoridad, visión de la realidad, sexualidad, conexión maternal, adaptación afectiva o angustias. Las respuestas obtenidas por el paciente se gradúan atendiendo a unos porcentajes de resultados considerados formales, ordinarios o frecuentes para finalmente aplicarles un índice corrector y llegar a unas conclusiones.

La verdad es que a mí siempre me llamaron muchísimo la atención la totalidad de las láminas. He jugado con ellas lo suficiente como para conocerlas de memoria. Las he observado en todas sus perspectivas, las he incluso volteado para comprobar desde Photoshop la perfección de sus simetrías y sobre todo he disfrutado invirtiendo sus colores. Tengo que decir que algunas de ellas me parecen tan preciosas que incluso me he dado el gusto de imprimirlas y enmarcarlas.

Lo que no hice nunca, hasta ayer, fue suponerlas todas una encima de otras, como si fuesen láminas de acetato coloreadas. El resultado que obtuve fue el siguiente.


Esta lámina debería culminar todo el proceso pasando a ser la número once, la última de todas, como una especie de respuesta evaluativa de la sinceridad de todas las anteriores, atendiendo a qué puntos diferenciadores muestra más atención el observador. 

Lo que yo veo es el mal. La concreción de la idea abstracta de la maldad humana, en todo su esplendor, mientras te mira fijamente a los ojos, atrapándote, susurrándote al oído que el que avisa no es traidor, incluso condescendiente, deseándote suerte en tu camino, a sabiendas de que es tan posible que dé contigo que te otorga toda una vida de ventaja.

martes, 25 de septiembre de 2018

La Cara B del Caso Arny

A mediados de los años noventa, Carlos Saldaña, padre de familia, casado y con una hija, decide reconocerle de una vez por todas a su esposa su homosexualidad rompiendo con ello el proyecto de vida en común que habían iniciado. Separado y fruto de la soledad, como él mismo indicó, emprendió la aventura de abrir un local de copas, un centro de reunión solo para hombres, de ambiente homosexual, para además de intentar facturar beneficios, atraer a su nueva vida la compañía de su mismo sexo que durante tantos años echó en falta. Así fue como nació el Pub Arny.


EL TESTIGO Nº1

En 1995, en una ciudad ya algo menos resacosa por aquella explosión de júbilo que supuso la EXPO`92 y siempre como mantuvo la versión oficial, se iniciaron unas investigaciones en relación a la declaración de un menor de edad, de pseudónimo Eduardo cuya identidad trascendió años después como José Antonio Sánchez Barriga conocido en el sumario como Testigo Nº1, quien denunció el 8 de febrero de 1995 que en el Pub Arny eran obligados a mantener relaciones sexuales con los clientes. De esta manera se iniciaron las diligencias para judicializar una de las instrucciones más rocambolescas que de la historia de España dirigidas por la magistrada María Auxiliadora Echávarri, el cual supuso hasta entonces el juicio más largo en su momento, una causa que aglurinó miles de folios por corrupción de menores.


viernes, 31 de agosto de 2018

Luces y sombras del Caso Marta del Castillo

NOTA AL INICIO

Comenzar estas líneas mostrando todo el apoyo y respeto a sus familiares y amigos y deseando de todo corazón el hallazgo del cadáver para, además de poder ofrecerle cristiana sepultura, alumbrar sobre todos esos hechos judiciales que a día de hoy no tienen respuesta y cuya responsabilidad penal, hasta ahora, no ha podido recaer en su totalidad sobre quien o quienes debiese.

Todos somos conocedores, aunque no sea en orden y fecha exacta, de los hechos acaecidos en el Caso Marta del Castillo. Una desaparición que en principio podría parecer al uso, pero que diversos detalles hicieron de ella un evento mediático más allá de cualquier otra tragedia de similares características.


domingo, 26 de agosto de 2018

Un año después de los atentados del 17A

Un análisis a posteriori lo hace cualquiera, es más, la mayoría de los periodistas viven de hacerlo. Nada de lo que diga aquí tendría valor alguno sin antes señalar lo que dejamos publicado hace ya doce meses en aquel España, Barcelona, Cambrils y el 18A que nadie quiere nombrar, a pocos días de los atentados con la sangre aun muy caliente. Hoy, en la distancia que da el tiempo sigo pensando exactamente lo mismo. Aun así, me parecía bastante oportuno continuar reseñando algunas apreciaciones que considero importantes.


jueves, 9 de agosto de 2018

George Soros, Herbalife y la mujer de Pedro Sánchez

Muchos pensarán que Begoña Gómez, mujer de Pedro Sánchez, ya ha sido colocada por su marido de una forma más que descarada con un sueldazo al mes en el Instituto de Empresa como Directora del Centro para África. La realidad es bien distinta. El propio Pedro Sánchez no es nadie para colocar allí a su mujer, más cuando este cajón de sastre europeo se encuentra subvencionado por tantísimos mecenas que tirar de una de esas cuerdas es desconocer como en una tómbola de feria el premio que te podría tocar. Resulta más familiar venderlo como una práctica más que habitual dentro de nuestro enchufismo español, que como el pago bien traído por ser la marioneta de George Soros.



miércoles, 25 de julio de 2018

Microsiervos y sus diez falsas razones para aborrecer la publicidad

Fui asiduo a los inicios de Microsiervos, incluso me llegaron a parecer durante algunos años contenidos bastante interesantes. Reconozcamos que en una época en la que la información sobre ciencia y tecnología estaba cerrada a varias publicaciones de kioskos, ellos supieron ofrecer una cercanía en castellano que hasta esos instantes no estaba al alcance de muchos. Paulatinamente con los años el contenido me comenzó a parecer cada vez más absurdo, aun así se agradecían algunas entradas que no dejaban de ser traducciones casi literales de otros blogs extranjeros. Finalmente dejé de leerles cuando se obsesionaron con los transbordadores espaciales y la aeronáutica, entre otras historias. Bajo mi punto de vista sobrepasaron la línea del ridículo, pero cada uno es libre de dirigir sus contenidos como más le apetezca, no cabe duda. Hacía ya algún lustro que no entraba directamente en su web y lo he hecho hoy, casualmente el mismo día que cumplen quince años.


En su plataforma de Flickr han subido una Historia Visual de Microsiervos, donde presentan un número de capturas de pantalla para que veamos la evolución de su plantillas, sus nuevos diseños y sus contenidos. Un divertido paseo nostálgico de esos que siempre añoramos los que pensamos que casi cualquier tiempo pasado fue mejor.



domingo, 15 de julio de 2018

La estrategia de Carmen Calvo para destruir España

Más allá de su currículum existen tres claros signos que identifican inequívocamente la inutilidad de un político. Es como una especie de suma al treinta y tres por ciento bajo la cual su figura como administrador público se va minusvalorando a medida que va cumpliendo cada una de las siguientes etapas. Es la manera más sencilla de todas para conocer si un político es válido, sin necesidad alguna de gastar más tiempo en analizar otros aspectos. Carmen Calvo cumple los tres requisitos.


lunes, 9 de julio de 2018

El marketing viral y los niños atrapados en la cueva de Tailandia

Todos conocemos los últimos hechos que nos llegan desde Tailandia. Un grupo de chavales que formaban parte de un equipo de fútbol tuvieron que refugiarse dentro de una cueva debido a unas fuertes lluvias monzónicas. No se ha terminado de aclarar muy bien cómo consiguieron adentrarse aproximadamente cuatro kilómetros hacia el interior y una vez ahí, tras el cese de las lluvias, se vieron atrapados debido a que las cavidades de la propia cueva quedaron inundadas. Existen tramos de cuatrocientos metros que solamente pueden cruzarse buceando. El tiempo para el rescate es una cuenta atrás debido a que la fuerza del monzón acecha y las condiciones dentro de la cueva, a pesar de que no son del todo extremas, podrían acabar con la vida de más de uno. Tanto gobiernos, como demás autoridades han querido aportar su granito de arena a la causa mandando a los mejores hombres de honor para solventar la situación. Las cámaras no paran de enfocar. Se necesitan héroes, se necesitan historias que vendan. La tragedia se formó como un accidente más, ahora toca rentabilizarla.


domingo, 8 de julio de 2018

La diferencia entre un tonto y un tonto tonto

En todo pueblo hay un tonto. Mínimo uno. En este había varios, pero tonto tonto, lo que se dice un tío tonto, solamente él. La diferencia entre un tonto y un tonto tonto está en la maldad. El tonto puede ser tonto por múltiples razones, pero el tonto tonto es el que se ríe en alto para que se entere todo el mundo que te has caído con la bicicleta, el tonto tonto es el que intenta humillar a todo el que pueda, es el acomplejado gordo, muy posiblemente con gafas de mongolo, el que te ralla el coche con las llaves, escupe en las barandillas para que te pringues la mano o se va inventando la muerte de la hija del churrero en un accidente de tráfico tras las fiestas del pueblo. Este tonto del que os voy a hablar lo tenía todo, además de la madre más puta de todas, improperio que jamás le dijo nadie, a sabiendas, ni en plena ebullición de la sangre, aun después de quemarle el pelo a una señora tras tirarle un petardo.

Yo era un enano obsesionado con los trompos de punta carnicera. Todas las tardes le hacía sacar a mi padre el taladro. Le ponía una lima y me dejaba las puntas como lanzas romanas. Jugábamos en un barrizal a la olla. No sé si habéis jugado a esto. Se lanza el trompo dentro de un círculo y tras bailar debe salirse de la misma circunferencia. Si no baila o no sale se queda dentro para que el siguiente lo intenté destrozar con el suyo, y a así sucesivamente. Si tras algún golpetazo un trompo atrapado escapa de la circunferencia, vuelve a ser nuevamente libre. Esas eran nuestras tardes, ataviados de una riñonera VARTA y tres o cuatro de estos trompos. Por lo general teníamos uno destrozado para sustituirlo por el bueno en caso de tenernos que quedar dentro de la olla. Así eran nuestras tardes.

viernes, 6 de julio de 2018

Llevo un tiempo sin publicar precisamente por esto

Hace algún que otro mes llamaron por la mañana al telefonillo de casa. Era un repartidor que preguntaba por mi mujer. Me extrañó que le cambiase el orden de los apellidos, pero en principio no le di importancia, así que abrí el portal. Cuando llegó al rellano volvió a llamar y le abrí. Fue rápido. Llevaba una gorra, iba vestido de azul, con unos pantalones de trabajo, limpios y una chaquetilla de cremallera medio abierta. No llevaba ningún identificativo de empresa. Me entregó el paquete, no me pidió firmar nada y se marchó. Si en ese mismo momento hubiese sospechado algo me hubiese asomado al balcón para verlo salir, sobre todo para observar el vehículo en el que se marcharía. Dejé el paquete en la encimera y continué con mis cosas.

Cuando volví a la cocina para picar algo me fijé en el destinatario del paquete. Era una pegatina al uso. No había ningún matasellos ni nada que lo pudiese identificar desde fuera. El nombre, al igual que indicó el repartidor preguntando por el telefonillo, no era del todo correcto. El orden de los apellidos se encontraba cambiado y le habían añadido gratuitamente un nombre compuesto. Esto ya me hizo dudar bastante. Llamé por teléfono a mi mujer y le pregunté si esperaba algún paquete. Me dijo que ninguno. Tomando atención por primera vez en lo raro de aquel asunto, decidí abrirlo.

miércoles, 27 de junio de 2018

Los Morcones de Instagram

Generar tráfico se ha convertido en una de las mejores maneras de atraer a las marcas y la sexualidad femenina siempre ha sido la culpable de la mayoría del tráfico que genera Internet. El círculo en esta ocasión se cierra rápido y de manera muy sencilla. La popularidad de redes sociales como Instagram han facilitado la posibilidad de que cualquier chica medianamente atractiva se construya su propio escaparate a la espera de que alguien llame a su puerta. Esto atrae tanto a profesionales como a amateurs. Es una forma novedosa de obtener ingresos o prebendas, en principio divertida, incluso parecería que hasta facilona, desde nuestra propia casa, sin necesidad de madrugar. Es lógico que esta idea de negocio provoque un efecto llamada. Los efectos llamadas, al igual que con la inmigración, traen a personas que palpan todo el rango de temperatura de un campo, es decir, traerá consigo la inclusión de nuevas promesas al mismo nivel que la exposición a lo peorcito de cada casa. Es como un casting abierto, salvo que ahora el único filtro existente será nuestra propia vergüenza, algo de lo que se suele carecer. Aquí es donde surge esta nueva categoría, el Morcón de Instagram.

Hoy vamos a hablar de Mariana Masiero, alias @marimasiero_ en Instagram. Bien podría haber sido con otra chiquilla, no hay nada personal contra ella. Con menos de cuarenta publicaciones supera los 14.500 seguidores. Prueba más que irrefutable de la importancia de la sexualidad en Internet. De su perfil me gustaría destacar varías imágenes.

martes, 12 de junio de 2018

El barco Aquarius, las mafias de Libia y el racismo aversivo

Samuel L. Gaertner y John F. Dovidio fueron dos importantes psicólogos sociales quienes crearon el termino de racismo aversivo. Identificaron desde su laboratorio experimental diferentes conductas de personas que llevaban como bandera no ser racistas y que además presumían de proclamar una ideología progresista. El resultado de dicho experimento fue que la actitud comportamental de dichos individuos era exactamente la misma que la de aquellas personas que decían abiertamente tener prejucios contra otras razas. Los progres evitaban relacionarse con personas negras, incluso tomaron medidas diferenciales antes y después de introducirles en una misma sala con personas extranjeras. Su estrés subía siempre de manera significativa. No obstante, todos ellos seguían defendiendo sus postulados antiracistas, a pesar incluso de llegar a contestar en los test sobre la preferencia por la raza blanca para la futura pareja de sus hijas. Es decir, un racista aversivo es el amplio porcentaje de la población española, es la casi totalidad absoluta de la clase política de nuestra nación. Los demás, en su segunda mayoría, son racistas tradicionales. Una ínfima parte de la población es la que no se posee prejucios contra ninguna raza, posiblemente todos ellos tarados mentales.


lunes, 28 de mayo de 2018

Aquel blog que me robaron

Hace más de diez años tuve mi primer blog, que no mi primera web. Allí escribía, al igual que lo hago aquí, por gusto, por placer, incluso creo que por evasión social. Sale más barato que un psicólogo y en ambas situaciones voy a tener la misma sensación de que no me escucha nadie. El caso es que tuve un blog, bastante bueno por cierto, del que hoy os quiero contar algo.

Antes de nada dejar claro que esto que hoy quiero dejar plasmado no es ninguna crítica hacia ninguna persona ni entidad, es simplemente algo que ocurrió y que posiblemente nadie ya recuerde. Aun así, evitaré ciertos datos, porque tampoco tengo la intención de hacerle recordar nada a nadie. Ni falta que hace.

La información con la que hoy se comercia en Internet está tan globalizada que puedes enterarte de lo mismo por WeBlogsSL, por Hipertexual, o por ElPaís. Esto no ocurría así hace una década. Yo lo comparo con el hecho de viajar. Hace veinte años podías visitar París y entre otras cosas ver parisinos. Podías volverte con una joya para tu mujer y un perfume para tu hija a sabiendas de que ninguna de las dos podría conseguir aquel regalo en España. Te traías contigo un trozo de la ciudad y se lo entregabas a otra persona. Era una manera de decirle que una parte de aquellas calles ahora le correspondía, sin incluso haberla llegado a pisar. Ahora da igual. A cualquier gran capital que vayas te vas a encontrar un Starbucks, un Zara, un Tiger y un Dunkin' Coffee. Es así. Incluso muchas veces están hasta en orden. Un Starbucks, un Zara, un Tiger y un Dunkin' Coffee. Da igual que estés en Madrid, en Copenhague, en Berlín o en Viena. Ahora ya casi resulta imposible entregarle a alguien un trocito de otro lugar. Por eso mismo, desde hace más de diez años, siempre me vuelvo a casa de los viajes con el agua de sus ríos, de sus costas, con la tierra húmeda de sus campos o la arena de sus desiertos. Es la única forma que te queda de llevarte un trozo único de otra tierra, literalmente. Esto mismo es lo que pasa ahora con Internet.