18/10/26

La eterna Revolución Francesa

Anoche me desvelé viendo las revueltas de París. Cada vez que veo arder París tengo la misma sensación. No pienso primero en Macron, en los sindicatos, en la inmigración, en la policía o en la última reforma que haya provocado las protestas. Pienso en 1789 y en aquella Revolución Francesa romantizada por los mismos masones que crearon el concepto de terrorismo. Debe de ser una deformación mía, pero hay algo en Francia que me parece condenado a regresar siempre a la misma plaza, a la misma barricada y a la misma convicción de que, cuando las cosas no funcionan, todavía queda la posibilidad de prenderles fuego. Han romantizado tanto la Revolución Francesa que terminamos olvidando una obviedad bastante desagradable. Aquello no fue una bonita manifestación ilustrada donde Voltaire, Rousseau y cuatro burgueses bien peinados redactaron los Derechos del Hombre mientras sonaba música de fondo. Fue una revolución. Y las revoluciones, cuando uno les quita la pintura romántica, suelen consistir en gente matando a otra gente convencida de estar construyendo un mundo mejor. Y lo peor, es que no lo construyeron.

12/10/26

El negocio de los más inocentes

Hay noches en las que uno comete el error de hacerse una pregunta demasiado sencilla. Son las peores. Empiezas buscando una respuesta de dos líneas y terminas varias horas después con veinte pestañas abiertas, documentos del Congreso norteamericano, patentes, artículos científicos y la sensación de que alguien ha escondido un elefante detrás de una montaña de lenguaje administrativo. A mí me ocurrió preguntándome qué pasa exactamente con los restos humanos después de un aborto. No cuándo comienza la vida, ni qué partido tiene razón, ni qué dice la Iglesia, ni qué derechos tiene la mujer. Eso daría para otras veinte noches. Mi pregunta era mucho más material. Termina la intervención. Hay tejidos, órganos y restos humanos. ¿Qué ocurre después? ¿Se destruyen? ¿Se conservan? ¿Pueden donarse? ¿Quién los recibe? ¿Existe una cadena de custodia? ¿Puede seguirse su rastro? Y si en algún momento aparece dinero, ¿quién paga y por qué?

1/10/26

De Dios al algoritmo: Consume, obedece, calla y desliza

Durante siglos Occidente vivió bajo una idea que hoy parece casi obscena por su sencillez. No todo aquello que podía hacerse debía hacerse. Existían límites que no dependían del Código Penal, de una encuesta, de una tendencia cultural o de la aprobación de una mayoría parlamentaria. Había cosas que podían ser legales y continuar estando mal, del mismo modo que existían conductas capaces de proporcionar placer, dinero o prestigio y seguir siendo indignas. A ese sistema de límites podemos llamarlo cristianismo, tradición, moral natural o simplemente la certeza de que el hombre necesitaba algo colocado por encima de sus propios deseos para impedir que cada deseo terminara convirtiéndose en un derecho. No pretendo con ello dibujar una Edad Media de vidrieras, madres sonrientes y campesinos rezando alrededor de una chimenea, porque las sociedades cristianas conocieron la violencia, la hipocresía, la prostitución, la corrupción, el adulterio, la explotación y prácticamente todos los pecados que después hemos intentado atribuir a la modernidad. La diferencia no estaba en que el pecado no existiera. Estaba en que todavía recibía el nombre de pecado.

31/7/26

La guerra que a nadie le parece una guerra

Hace años leí un documento de treinta y dos páginas titulado Marruecos, el Estrecho de Gibraltar y la Amenaza Militar sobre España. Lo leí, como os digo, en su momento. Tomé unas notas, como suelo hacer cada vez que leo algo interesante. Las archivé. Y como casi siempre, me olvidé de ellas. Hasta ayer. Hasta justamente ayer. Cuando nuevamente Marruecos decidió invadir nuevamente España.

25/6/26

La inflación del mérito

No sé exactamente cuándo ocurrió. Supongo que sucedió de la misma forma en la que suceden casi todas las transformaciones profundas de una sociedad, sin que nadie sea capaz de señalar el momento exacto en el que la frontera fue cruzada. Un día las graduaciones universitarias eran una ceremonia reservada para quienes habían atravesado años de estudio, exámenes, sacrificios y renuncias, y al siguiente descubrimos que también existían graduaciones de guardería, graduaciones de primaria, graduaciones de secundaria y, probablemente, si seguimos avanzando por esta pendiente, terminaremos organizando actos solemnes para celebrar que un niño ha aprendido a atarse los cordones o ha conseguido terminar un cuaderno de caligrafía sin salirse demasiado de las líneas.

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