lunes, 6 de marzo de 2017

Si algún día España legalizase las drogas

Uno de los poderosos tentáculos del Marxismo Cultural son los colectivos proestupefacientes, normalmente todos ellos representados en punta de lanza por las asociaciones a favor del cannabis como por ejemplo FAC (Federación de Asociaciones Cannábicas) ya que resultaría muy complicado estar a favor de la regulación de drogas más duras como la heroína. Todas estas asociaciones tienen un funcionamiento muy simple pero muy bien estructurado. Hablamos de consumidores de marihuana que disponen de un argumentario en principio bien trabajado para intentar mejorar su situación particular que no es otra que la de consumir droga de una manera más abierta. No deja de ser un negocio y ellos quieren una parte del pastel.

Para comenzar vamos a definir un poco la diferencia entre tres tipos de drogas atendiendo a dos factores médicos muy importantes tales como la tolerancia y síndrome de abstinencia tanto físico como psicológico. En la primera categoría, la regulada y estatalmente aceptada en la mayoría de países nos encontramos con las farmacéuticas, la cafeína, el tabaco y el alcohol. Creo que todos estamos de acuerdo de la cantidad ingente de controles que deben pasar estos productos para poder salir al mercado y más estaremos de acuerdo cuando hablamos del alto porcentaje que suponen en impuestos tanto directos como indirectos. Cualquiera de estos cuatro puede terminar matándote, pero hay un océano de diferencia en relación a los conceptos de tolerancia y síndrome de abstinencia con respecto al siguiente grupo.

Aquí hablaríamos de lo que culturalmente se denominan drogas blandas, tales como el hachís o la marihuana que científicamente podríamos tratarlo por su alcaloide el tetrahidrocannabinol (THC). Su forma más común de consumo es la pulmonar aunque existen otras varias como el aceite de hachís en tostadas de pan cuya concentración de alcaloides es infinitamente superior. Son drogas más socializadas en primer lugar por ser parte de la cultura marroquí y porque la vía de consumo es exactamente igual que el conocido tabaco. Éstas son la puerta de entrada al siguiente grupo, cuando el nivel de tolerancia es tal que tu cuerpo se acostumbra a cantidades ingentes de THC tu dependencia dará el siguiente paso. Son las drogras bisagras ya que el cuerpo humano está preparado para terminar tolerando el THC y que nuestro cerebro ni se inmute llegado el momento si seguimos consumiéndolo.

Saltamos a las conocidas como drogas duras. Derivados de la hoja de coca, opiáceos, drogas de diseño, LSD, mescalina, alucinógenos y sin fin más que podrían matarte simplemente con un solo consumo en pequeños gramos. Algo que jamás te ocurrirá con ninguna de las drogas del primer grupo. Aquí hablamos de palabras mayores. Se conocen casos en los que con un primer consumo ha producido paros cardíacos o como en el caso del LSD provocando flashbacks seis meses después de dicho consumo.

Todo esto es una escalera con diferentes niveles en los que es muy complicado saltar escalones de dos de dos, se dan casos pero son los minoritarios. Estos escalones van relacionados directamente con el acceso a las mismas, la aceptación cultural y el nivel económico. Lo vamos a presentar atendiendo a las principales drogas cabeza de cartel.

La estructura es sencillamente perfecta para llevarte al pozo de los infiernos puesto que lo aceptado en Europa son los tres primeros escalones, a diferencia de países árabes donde el hachís se cambiaría por el alcohol por diferencias culturales. Salvando las distancias de lo que supondría un alcoholismo de cirrosis, el único capaz de matarte y arruinarte por sí mismo, la cocaína sería la primera droga con una mayor proyección a una muerte por primer consumo en menor cantidad, puesto que para un coma etílico las dosis son proporcionalmente mucho mayores. A su vez el hábitat de venta de la cocaína ya de por si es peligroso, por eso apuntaba anteriormente que el alcohol es el único capaz de arruinarte y matarte por si mismo obviando el mercado de compraventa que le rodea, cuando con las demás drogas podrías sufrir daños simplemente yendo a comprarlas. Una vez analizado el camino que supone el mundo de las drogas vamos a adentrarnos en los argumentos de dichas asociaciones que defienden un consumo legalizado.

Adjunto unas capturas de pantalla de la web fac.cc pero bien podría unir el tema de cualquier otra manera puesto que los argumentos son siempre los mismos. 


Una de sus razones más alzadas es que legalizando las drogas se acabaría con el narcotráfico y la violencia. Lo de la violencia lo vamos a dejar aparcado puesto es que jamás nadie legalizando nada acabará con la violencia. Lo del narcotráfico se desmonta de una manera mucho más fácil. El tabaco es una de las principales drogas que llevan décadas legalizadas y aun así se sigue haciendo contrabando con ella. Las mafias no van a cambiar por una ley, seguirán buscando la manera de adentrarse en el mercado y poder rentabilizar mucho más sus horas. Si las drogas se legalizasen seguiría existiendo el mismo narcotráfico porque el sentido de todo es esquivar las leyes, ya sean penales o fiscales.


No deja de ser hacer un uso facultativo de las propias drogas y es algo en lo que yo estoy totalmente de acuerdo pero no es necesario legalizarlas para ello. A día de hoy un médico puede administrarte opiáceos con una composición muy similar a la heroína, tales como la codeína o la dolatina. Si en la actualidad ya se administran componentes químicos bastante más fuertes que el simple cannabis no es argumento alguno legalizarlas. En la imagen podemos observar una mujer que aparenta tener algún tipo de cáncer abrazada a una figura infantil como un peluche. A día de hoy los dolores de cáncer se tratan con opiáceos y estos pueden enviarte a un limbo de calma al que cannabis jamás podría llegar.


Lo más gracioso de todas estas fotos es que siempre presentan imágenes respetables. Hombres encorbatados y bien trajeados, un estereotipo que se aleja muchísimo el consumidor medio de cannabis. 


Este argumento viene íntimamente relacionado con la economía. Una de las banderas más llamativas es que si las drogas se legalizasen serían más baratas y a su vez de mejor calidad porque pasarían controles sanitarios. Para empezar habría en primer lugar que sumarle los impuestos y los gastos públicos que supondrían regular todas las drogas. Los productores tendrían que sumar a su vez las infraestructuras para legalizar dichos controles sanitarios y a su vez unos facultativos tendrían que aconsejar la regulación de las dosis. No obstante las dosis no podrían comprarse abiertamente, al igual que necesitas una receta para una antibiótico tendrías que argumentar de alguna manera la compra de medio kilo de hachís. 

Pueden hacer un simple cálculo con el porcentaje tan amplio de impuestos que pagamos de tabaco, alcohol y incluso gasolina. Imaginen la parte que se llevaría el Estado de la compra venta legal de estupefacientes.


Y por último el que me resulta más alarmarte. No encuentro la manera alguna de hacer un nexo de unión entre el mundo de la drogas y la adicción que ellas conllevan con la idea de una familia y un recién nacido. Desconozco en todo momento hacía dónde nos intentan llevar estas asociaciones con dichos argumentos.

La legislación actual española no te prohíbe el consumo de estupefacientes, solamente pena la venta y el consumo en vía pública. Es decir, cualquiera dentro de su casa puede consumir lo que le plazca solamente tendrá que tener de la suficiente diligencia como para no ser observado mientras se hace con ella. Lo que están pidiendo abiertamente es poder consumirlo a la vista de todos, poder comprarlo sin miedo alguno y sobre todo poder venderlo y formar parte del negocio sin la necesidad de crear de un grupo organizado y de esta manera llevarte una parte del pastel y poder hacer apología de las drogas para seguir alimentando una nueva cantera de consumidores jóvenes.

Lo único que traería consigo la legalización de las drogas sería una normalización de sustancias tóxicas que destruyen familias. Facilitar el acceso a las mismas es el interés de unos pocos que desean enriquecerse con las desgracias ajenas, puesto que cualquier consumidor de ellas conoce perfectamente el camino y riesgo que supone adentrarte en los primeros escalones.

No obstante y para todo aquel que busque iniciar el debate relacionando el anterior párrafo con el consumo de alcohol o tabaco tengo que recordarle un par de cosas. No son figuras equidistantes, la tolerancia y el síndrome de abstinencia en comparación a otros siguientes escalones hacen de ellas dos mundos diferentes. Y en segundo lugar y para terminar, desde el principio de los tiempos la sociedad necesita a su vez de estimulantes y de depresivos y es con estos -alcohol y tabaco- con los que hemos avanzado como civilización.

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