sábado, 11 de marzo de 2017

La Farsa del 11M (II) - La detención de Jamal Zougam

Hoy es el triste aniversario de la mayor tragedia terrorista que haya sufrido España. Han pasado ya trece años y ninguno de los partidos políticos, sean de las siglas que sean, han tenido la vergüenza de rendir el necesario homenaje de esos 192 cadáveres y miles de heridos. No es cuestión de hacer minutos de silencio, de tirar flores ni de encender velas. Los familiares y afectados quiere saber al menos quiénes fueron los auténticos responsables.

La historia vivida se parece a una de esas novelas que mezclan realidad y ficción. La desinformación con la que hemos sido intoxicados desde las primeras horas ha terminado de enturbiar tanto el asunto que la única manera de sacar algo en claro es ceñirse a los datos siempre objetivos que toda narración posee, aunque mucho se nieguen a verlo. Vamos a intentar estructurarlo sin ofrecer opinión alguna.


Se produjeron diez explosiones en total de las cuales en ninguna de ellas murió un suicida y no se encontraron en ninguna de las numerosas autopsias restos de metralla. Del explosivo por ahora ni hablamos. A las pocas horas comienza el circo político, pero vamos a centrarnos en lo que se publicó sobre la investigación.

Dieciocho horas después aparece de la nada una mochila en la Comisaría de Vallecas cuyo contenido poco tiene que ver con las mochilas que explotaron. En su interior hay metralla, sobre medio kilo de clavos y tornillos. A su vez la composición de las mochilas que no explotaron y fueron encontradas por los TEDAX contenían el explosivo dentro de un tupperware, algo que distaba mucho de la mochila que apareció en Vallecas, puesto que contenía el explosivo dentro de una bolsa de plástico.

Se le puede sumar más aun a esa mochila. La configuración estaba preparada para no estallar puesto que los cables que iban conectados al terminal móvil estaban no sólo desconectados, sino que no tenían marcas ninguna de torsión, de hecho tampoco tenían cinta aislante a su alrededor para asegurar el cableado. Además el teléfono móvil que se usó en esa mochila no daba la corriente necesaria como para activar el circuito. Durante seis meses se le ocultó al juez la radiografía de la misma. No dejaba de ser una mochila preparada que nadie vio llegar al lugar. Todas la siguientes ramificaciones se abren argumentadas de lo que es fácilmente creer que fue una prueba falsa.

No tiene sentido construir un número determinado de explosivos para cambiar completamente la configuración de uno de ellos. De esa misma mochila se estudia la tarjeta que hay dentro del terminal y que proviene de un locutorio del barrio de Lavapiés, en Madrid. El vendedor resulta ser Jamal Zougam, el único autor material del 11-M. Condenado a 40.000 años de cárcel no precisamente por vender ninguna tarjeta, sino por la confesión de dos testigos que afirmaron verle aquella mañana del 11 de marzo en los trenes, testigos que por cierto en distintas diligencias de identificación de los detenidos señalaron a individuos diferentes a Jamal y que una vez fueron llamados a juicio dijeron reconocer sin ningún tipo de duda a Jamal Zougam después de meses. Durante este tiempo la prensa no dejó de mostrar su rostro y lo que hace un tiempo era una persona totalmente diferente se convirtió en un reconocimiento sin ningún género de dudas. Vamos, básicamente porque se necesitaba detener a un moro.

La detención de Jamal Zougam en plena jornada de reflexión se llevó a cabo hilando también trozos de plástico roto que se unieron entre la propia mochila de Vallecas y el locutorio. Al parecer Jamal Zougam formaba parte de una lista de sospechosos habituales porque cuatro años antes se encontraba dentro del contexto de una comisión rogatoria de las autoridades francesas. Un número de teléfono, en concreto el de la madre de Jamal Zougam, Aicha Achab, apareció en la agenda de un presunto terrorista francés David Courtailler y gracias a esa comunicación pudieron encontrarse y conocerse en la mezquita de Madrid. Esa fue la explicación que se ofreció para argumentar la rapidez y puntería que se tuvo con la detención de Jamal Zougan. Lo verdadero es que todo el tema del número de teléfono que se encontró en la agenda de David Coutailler fue un error de transcripción. El número de teléfono terminó sufriendo tantas modificaciones que para el caso terminó dando lo mismo, a efectos prácticos gracias a ello se pudo argumentar jurídicamente la detención Jamal Zougam.

Aquí os dejo los documentos donde quedan registradas las distintas mutaciones que fue sufriendo el número de teléfono gracias al cual se pudo dar el paso.







En resumidas cuentas en esta primera parte tenemos una mochila o bolsa de deporte que aparece de la nada en la Comisaría de Vallecas con una configuración explosiva que no cuadra con ninguna de todas las demás bolsas que encontraron los TEDAX, preparada sobre todo para que no se produzca nunca la detención y cuya radiografía de la misma se le oculta a la autoridad judicial durante seis meses. Gracias a esa mochila se da con el paradero de Jamal Zougam, aferrándose a la tarjeta SIM que se encontraba en el móvil que era de su propia tienda y cuyo encartado formaba parte de una lista de sospechosos habituales cuatro años antes atendiendo a un número de teléfono proveniente de su madre que finalmente no era tal.

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