lunes, 26 de octubre de 2020

La otra cara de Q-Anon

La familia es algo que no se elige. Te toca. Ya de por sí nacer debería verse como ganar la lotería más improbable de todas, así que una vez que nos hemos llevado ese gran premio se vería hasta feo empezar con una queja. Por eso la familia es la que es, la que te toca. Y punto. Unos la tendrán de película, entrañable, y otros incluso aunque les cueste reconocerlo en voz alta, la tendrán para prenderle fuego. Lo bueno es que de ambas situaciones se pueden sacar lecciones impagables para la vida.

Siempre he dicho que uno de los mejores maestros con los que te puedes cruzar en la vida es con un yonki, un politoxicómano común que aun conserve la mínima lucidez suficiente entre sus particulares viajes como para mantener una conversación ordenada. No es algo común, pero si alguna vez por las razones que fuesen hubieseis tenido la posibilidad de conversar abiertamente con más de un politoxicómano seguramente habréis llegado a la misma conclusión que yo. Es muy complicado encontrar mejor maestro. Si sabes escuchar, algo que por otra parte también supone de duro entrenamiento, aprenderás todo lo que no tienes que hacer para llegar a donde ha llegado él. Reconocedme ahora al menos que eso sí que es una maravillosa lección.

Los maestros lo son porque enseñan caminos, no necesariamente porque los caminos que enseñen sean buenos. Un maestro es quien lo muestra y quien antes de que pudieses haber decidido si adentrarte o no en él te plasma las consecuencias marcadas en su propia alma, a modo de cicatrices que sin verse ya se ven de lejos. Un buen maestro es quien hace justamente eso, sin la intención de ser más influyente que lo que tú decidas que él sea. Un maestro de la vida lo es sin tan siquiera pretender serlo. Es así como se puede aprender tanto o más de lo malo que lo bueno, como el magnífico empuje que podría darte una familia infame para que escapando de ella llegases a formar justamente lo contrario de donde te criaste.

QAnon, Donald Trump y la lucha contra una red de pederastas

Al igual que en esto que os estoy contando, en la vida ocurre lo mismo en todas y cada una de las situaciones que podéis observar. Desde cómo cruzar correctamente un paso de cebra andando con un semáforo en rojo para peatones, hasta cómo negociar un alquiler de una vivienda para conseguir una rebaja considerable. Toda dualidad genera una lección siempre y cuando hayas conseguido entrenar tu capacidad para observarla. La diferencia entre el buen maestro y el mal maestro radica esencialmente en el que segundo pretende aleccionarte, intoxicarte, mentirte y engañarte con la idea de generar una especie de esclavo de su doctrina. No hay manera de combatirlo. El mal maestro siempre será un mal maestro, rodeado de otros malos maestros, con un jefe que es peor maestro que él. Ése es su único interés en la docencia, el de ser precisamente malo.

Creo que esta manera de pensar es la que me ha llevado a ser oyente de lo que odio, telespectador de lo que me hace vomitar y sobre todo lector de lo que más me crispa. Así es como me he pasado las horas escuchando a Julia Otero, viendo el telediario de Pedro Piqueras o como no, leyendo el diario Público. Aprendiendo, al fin y al cabo, de todos esos malos maestros. De estos tres, al igual que de un yonki o de un padre borracho, se puede conocer más sobre la realidad que buceando endogámicamente solo entre opiniones que refuercen nuestros prejuicios. A fin de cuentas no dejan de ser grandes maestros de malos caminos. Lo único importante aquí es el alumno.

Toda esta gran introducción viene porque el otro día me topé con una entrada de Informe Semanal en TVE, titulada "Q, conspiración en la red". Como todos los que conocéis este blog sabréis que entre estos post ya se vino hablando de Q-Anon cuando precisamente solo un par de locos conspiranoicos en España le prestábamos una seria atención desmenuzada. Ahora y sobre todo desde que Epstein fue TT en Twitter, parece que cualquier quinceañero ha sabido absorber la suficiente intoxicación informativa como para decirte que Donald Trump es un peligroso pedófilo.

Así que hoy toca, al contrario de lo que cualquier otro medio hiciese desde su propia casa, escuchar la postura justamente contraria. Hoy toca sin más fomentar la capacidad crítica del alumno al que con más o menos conocimiento le plantan a uno de esos malos maestros. Presten atención a este siguiente reportaje. Escuchen la versión justamente contraria a la que aquí hemos venido defendiendo durante años. Sin desmerecer a nadie de los que aparecen, sin desinformar, sin mentir, sin faltarle el respeto a nadie. Simplemente se lo dejo por aquí para que ustedes mismos saquen sus propias conclusiones.