jueves, 19 de diciembre de 2019

Perpetuar el crimen

Creo que esta podría ser la penúltima entrada de una serie que debería leerse en el siguiente orden para llegar a comprender el final. Si como nuevo lector no has llegado a las entradas anteriores te aconsejaría que empezases secuencialmente por aquí.




Para hacerme entender, al igual que en anteriores ocasiones, no me queda otra que empezar por el principio, aunque de aquellos inicios ya ni tan siquiera se venga acordando nadie. La sociedad es un ente cambiante al que más allá que afectarle el libre albedrío no deja de funcionar como un rebaño a manos de un pastor. Yo sé que estos planteamientos que sobrevuelan los posicionamientos oficiales puedan resultar en principio salidos de la cabeza de un loco obsesionado con un gorrito de papel de plata por sombrero, entre otras cosas porque es el pastor del rebaño quien nos ha hecho creer a todos que es como debemos verlo. Sin embargo si estás por aquí es precisamente porque de ese pastor te vienes fiando poco y a pesar de que tampoco guardes intenciones de quererte remarcar como la oveja negra, al menos te gustaría conocer hacía dónde no te queda más remedio que ir ya que, sin planteárselo, es donde al fin y al cabo va todo el mundo.
Veréis, hace unos días os mostraba un esquema lógico del funcionamiento del análisis costes-beneficios en relación a los delincuentes. De aquí se observaban únicamente cuatro posiciones existentes que eran comunes a la totalidad de los delitos cometidos. Solo existen cuatro posiciones combinadas dos a dos que ofrecen cuatro respuestas distintas a un mismo hecho delictivo, atendiendo a si el delincuente está o no cuerdo y si realiza o no un análisis costes-beneficios. No existe ninguna acción real que pudieseis llegar a plantear al que este diagrama no le pueda dar respuesta. Este esquema lógico no explica la acción delictiva en ningún momento, solamente recoge simplificando la realidad a las únicos cuatro caminos posibles en relación al análisis costes-beneficios. Si quieres recordar un ejemplo de cada caso te dejo el link.

Con las víctimas ocurre exactamente lo mismo, la diferencia es que el pensamiento analítico ocurre después de la acción y no antes como en los delincuentes. Es decir, los delincuentes suman y restan los incentivos y los desagravios antes de ser delincuentes para llegar con anterioridad al resultado y observar si les sale positivo o no. Por el contrario las víctimas realizan un mismo análisis matemático después de ser víctimas. Esta temporalidad es la base vital para lo que hoy os quiero contar.

¿QUÉ MOTIVACIONES ANALIZA LA VÍCTIMA?

Una víctima suele sufrir un proceso psicológico conocido como victimización, en la cual ahora tampoco vamos a entrar en profundidad. Cualquier víctima, tras reconocerse como tal, comienza por primera vez a sufrir un nuevo estado emocional que le lleva a analizar su situación, incluso aunque no se dé cuenta ni tan siquiera de que lo está haciendo. La víctima tendrá que sopesar su respuesta, sea cual sea, midiendo en una balanza los sentimientos y rechazos que le sobrevengan, tales como miedo, frustración, revancha, odio, inseguridad, justicia o rencor, entre otros. Este cocktail de hormonas le ayudará a decidir el camino que desee andar que podrá ir desde interponer una denuncia, buscar a cuatro colegas para tomarse la justicia por su mano, o sencillamente bloquearse ante la situación y no contárselo a nadie. Recordemos siempre que la inacción es una alternativa. Cada persona es un mundo y a pesar de tener miles de motivaciones diferentes todos pasamos por el esquema lógico que antes os mostré, ya seamos víctimas o delincuentes, ya estemos cuerdos o seamos enfermos mentales.

De las dos figuras, delincuente y víctima, el primero se adelanta a la acción. Realiza una visión a futuro y experimenta con el posible resultado. Esto no quiere decir que necesariamente trabaje un plan de acción, lo único que explicaría es que es su cerebro el que a veces en cuestión de segundos interioriza una respuesta que puede parecer casi instantánea porque la relación costes-beneficios ya la lleva integrada en su ser desde hace años. La víctima sin embargo, en su gran mayoría, debe esperar a serlo para plantearse esa posibilidad. Todo esto ocurre por diferentes elementos cognitivos que cada ser humano explota y desarrolla de diferente manera para vivir adecuadamente atendiendo precisamente a su sensación de seguridad subjetiva, de ahí que lo normal sería tomar mayores preocupaciones contra los carteristas si nos encontramos paseando dentro de un tumulto navideño.

Con este esquema habríamos terminado de explicar las motivaciones que llevan a víctima y delincuente a tomar las decisiones que toman. La gran mayoría de ellas están impregnadas de su propia psicología, sus capacidades, estrategias y emociones, pero existe otra parte ponderable en atención a la psicología social, al comportamiento que éste intuya de su entorno y la respuesta que presuponga recibir del mismo, ya sea una visión correcta o incorrecta. Delincuente y víctima también ponderarán la reacción social de su acción, el apoyo directo e indirecto, la respuesta de la opinión pública, el estigma que les podría perseguir, la neoetiqueta que podrían adquirir, a fin de cuenta todo aquello en lo que podría cambiarle la vida socialmente. Si tenemos claro que no todas las sociedades son iguales, nos plantearíamos cuáles serían los aspectos que podrían llevar a una sociedad a tomar ciertas posturas favorecedoras tanto para el delincuente como para la víctima. Muchos pensaréis que la cultura de la propia sociedad y razón no os falta, pero la cultura es tan sólo una minucia comparado con otros aspectos.

Todas las especies tienen en común la respuesta ante un ataque inesperado y efectivo. Todos, como especie, luchamos para sobrevivir. No obstante, cuando una sociedad primermundista disfruta de la paz y tranquilidad sin llegar a valorarla realmente, ese nivel de respuesta, ese estímulo que lo provoca, pasa de ser un ataque ilegítimo a lo que ellos mismos entienden subjetivamente como una amenaza. Para llegar a entender cómo se consigue bajar ese listón para conseguir una respuesta social más hiriente ante una situación de menos calibre tendremos que explicar primero dos conceptos, tales como la seguridad objetiva y la seguridad subjetiva.

¿QUÉ ES LA SEGURIDAD OBJETIVA?

La seguridad objetiva es la seguridad real de una zona, por lo tanto es medible. Se trabaja en número de delitos y se representa en ratios en relación a la población. Se valora su eficacia comparándolo con otra zona social, otro distrito, otra ciudad, otro país. Es como si lo comparases con el vecino. Esta idea se observa perfectamente en un bloque de pisos de veinte viviendas donde quince tienen puertas blindadas y los otros cinco no. Sin disponer de más datos, como delincuentes elegiríamos una de las cinco viviendas con la puerta más fácil de vulnerar, debido a que objetivamente es más sencillo acceder a ese inmueble. Que sea medible no quiere decir que no sea manipulable. De hecho alterar estos resultados y argumentarlos políticamente vienen a ser la base del siguiente concepto.

¿QUÉ ES LA SEGURIDAD SUBJETIVA?

La seguridad subjetiva es el sentimiento de tranquilidad que nosotros interiorizamos en relación al entorno social en el que desarrollamos nuestra propia vida, ya sea coincidente de manera real o ficticia con la seguridad objetiva. La seguridad subjetiva se podría explicar perfectamente con el cartelito que avisa de que dentro de la vivienda hay un perro peligroso. Puede que no lo haya. Hay días que puedes escuchar ladridos, puede que sean de un caniche, pero también puede que haya un poderoso pastor alemán que no ladre. El caso es que no lo sabemos con certeza. Lo intuimos. Esta es la gran diferencia de la seguridad subjetiva, que es interpretable personalmente y que además podemos inducirla, es decir, podemos utilizarla políticamente como un elemento de engaño no comprobable ni medible, debido a que se ha construido ayudándose de una falacia sobre la seguridad objetiva cuyo debate ya ha sido borrado de los medios. Esta primera premisa olvidada ayuda a construir el caldo de cultivo. La finalidad de alterar la seguridad subjetiva es la de generar beneficios, que bien podrían ser económicos, pero realmente son electoralistas.


Todos recordaréis la película Tiburón, donde el alcalde no quiere informar a la población del riesgo que supone bañarse en sus playas para no perder turismo, a fin de cuentas perder dinero, pero a la vez pretende gestionar la situación de una manera que no le perjudique políticamente. Su decisión fue no aumentar la seguridad subjetiva haciéndola coincidir con la objetiva, con la amenaza real. El resultado ya lo conocéis. Esto ocurre exactamente igual tanto si tu intención es aumentarla o disminuirla. A día de hoy la seguridad es una de las primeras bazas política, tal como lo es la educación y la sanidad, sin la existencia de un criterio común que mire por el bienestar de todos. No obstante, existe toda una doctrina que evalúa cada uno de los pasos políticos que se dan en materia penal y bajo la cual deberían tomarse las iniciativas atendiendo a criterios técnicos, algo que desgraciadamente se viene obviando. Esto es lo que vamos a conocer a continuación.

¿QUÉ ES LA POLÍTICA CRIMINAL?

Si buscáis en Internet encontraréis cien definiciones diferentes a la cual más eufemística. La Política Criminal es ideologizar el poder punitivo del Estado en todas y cada una de sus vertientes, ya sean legislativas a nivel policial, judicial o penitenciarias. En la vorágine actual del NWO todas y cada una de las decisiones en relación a la seguridad se toman atendiendo únicamente a la función electoralista, es decir, a contentar al mayor ratio de población para con ello perpetuarse en el poder. Es esta vertiente político-penalista la que olvida todos y cada uno de los aspectos técnicos para adoptar decisiones que contenten a su electorado, más allá de que ello ayude a empeorar la seguridad de todos.

Tenéis que pensar que por cada técnico conocedor de una problemática en un país habrá cien mil ciudadanos, lo que se traduce en cien mil votos, que sin tener ni idea generen más ruido que todos los verdaderos expertos juntos. Es aquí donde el activismo político en las redes toma su verdadera esencia. Lo importante es lo que diga una supuesta mayoría que construye trendintopic, que viraliza determinados contenidos, que le da voz sólo a ciertas víctimas atendiendo a quiénes sean los agresores. Es aquí donde sólo y exclusivamente no importa el qué, sino el quién. Pero, a pesar de ir a contracorriente de todo lo que habría que hacer para ayudar a la población, resulta complicado llegar a creer que toda esa maquinaria se ponga en marcha sin recibir contrariedad alguna. Lo complicado es conseguir que esas cien mil personas que tendrían que dedicar años de formación para entender algo sobre el tema presuman de adoptar una posición fuertemente binaria, a favor o en contra, sobre un tema que alguien les presentó como importante ayer. Es así como un Gobierno legitima sus decisiones contrarias a la evidencia, precisamente ocultándola, negándola, insultándola, difamándola, tergiversándola y actualmente etiquetándola con constructos fáciles y entendibles para todos. 


Si planteas una alternativa objetivamente real demostrada con datos oficiales para desmontar su primera premisa serás un negacionista. Si continuas con el mismo planteamiento y consigues abrir un debate serás un fascista, un machista o un xenófobo. Así es como se legitima una política contraria a la razón, con una campaña de difamatoria de acoso y derribo que sume más voces legas en cualquier ámbito técnico. Más masa, más ruido. Más legitimación.

¿QUIÉN LEGITIMA ESAS DECISIONES?

La opinión pública, ese ente incorporeo que viene a colocar el locus exterior de responsabilidad en los medios de comunicación. Hace veinte años la prensa nada tenía que ver con la actual. Lo que hemos ganado en tiempo lo hemos perdido en calidad. La especialización temática ha ido desapareciendo tan paulatinamente que resultaría complicado diferenciar a día de hoy quién es tertuliano de científico divulgador. Hemos pasado de sectorizar los campos científicos a emitir una especie de todo en uno en horario matinal que aunque sea a disgusto ha terminado funcionado.

Si recordáis años pasados quien quería informarse sobre crímenes tenía que ir a un periódico especializado sobre crónica negra o a un programa de televisión no precisamente emitido en un horario que facilitase su visionado. Las noticias solamente relataban muy por encima los titulares más sangrantes, pero nunca un telediario terminó volviéndose diariamente un altavoz para vender miedo de la manera en la que hoy nos lo presentan. Ahora tenemos lo que en su día llamaron Programas de Actualidad. El término actualidad aquí es más que sensible. Actualidad es todo lo que ellos decidan que sea actualidad. Hay muchos modelos sociológicos que explican estas estrategias de implantación, pero de todos ellos posiblemente el más acertado es el Modelo de Kingdon.

Kingdon explicó que todo esto ocurría por la construcción de una agenda política que se iba formando atendiendo a los intereses de los altos funcionarios del gobierno en sus relaciones con personas fuera de la Administración Pública, en este caso los grandes empresarios de la comunicación. La auténtica guerra está en quién lanza primero un problema público. No es lo mismo que el Gobierno le diga a los medios de comunicación que tienen que dedicarle el 30% de su tiempo a un problema que ellos consideran de Estado, a que los medios de comunicación por otros intereses y sin atender a buenas relaciones con el Gobierno, le dediquen ese mismo 30% de su tiempo a otro problema distinto que a lo mejor los gobernantes no quieren reconocer.

Esta lucha resumiría básicamente la relación Gobierno-Prensa. La clave es saber quién toma la iniciativa sin consensuarlo con el otro. El Gobierno puede adoptar la mejor reforma del mundo que no le valdrá electoralmente de nada si la prensa no se la vende. A su vez la prensa puede pelear contra el Gobierno, porque lo considere ilegítimo, porque tengan ideologías diferentes o porque pretendan ayudar a la oposición con la promesa de una nueva legislación que fortalezca sus licencias. Y por último lugar el Gobierno puede terminar cerrando un medio o lo que es más fácil, conseguir la destitución de su director o de alguno de sus importantes consejeros. No creo que haga falta ni que pongamos ejemplo nada.

En en este escenario, en esta guerra de beneficios económicos y políticos, es donde se induce la seguridad subjetiva. Es esta seguridad subjetiva tergiversada quien apoya la Política Criminal. Es este el resultado de una nueva manera de controlar a la población que algunos llamaron Política del Miedo pero que actualmente se ha convertido en la Política de la Audacia.


¿QUÉ ES LA POLÍTICA DEL MIEDO?

El origen de la Politica del Miedo podríamos situarla en el fascismo. El miedo aumenta considerablemente el sentimiento de seguridad subjetiva y es éste el que puede llevarte al odio acompañado de un buen discurso narrativo. La Política del Miedo es la misma que la Política del Odio, no dejaría de ser el segundo paso. Miedo-odio al judío, al extranjero o al diferente por el mero hecho de serlo. Es esta conciencia global la que legitima al gobernante a iniciar un una persecución. A pesar de que nos hagan creer que actualmente vivimos en la Política del Miedo lo que realmente ocurre es justo lo contrario, lo que pasa es que nadie te había hablado de ello hasta justamente ahora.

¿QUÉ ES LA POLÍTICA DE LA AUDACIA?

El caldo de cultivo donde vivimos actualmente. La Política de la Audacia es el fiel reflejo a la inversa de la Política del Miedo. Es aquella política que emprende acciones comunes sin plantearse el grave riesgo que ellas implican, vendiendo una corriente supuestamente alternativa de apertura y buenismo internacional que esconde tras ella enormes Caballos de Troya para facilitar resultados justamente contrarios. La Política de la Audacia engloba un conjunto de estrategias mucho más inteligentes que la Política del Miedo. Su implementanción es tremendamente más complicada, son necesarios más medios, más personas y el apoyo institucional de organizaciones supuestamente ajenas a la misma. La Política de la Audacia ya de por sí esconde en su propio nombre algo atractivo y atrayente, pero es justamente su arquitectura tremendamente compleja la que la llena de contradicciones. La Política de la Contradicción sería su segundo paso.


Es justamente así como el neocomunismo criminaliza a todo un colectivo pasivo por la acción de unos pocos. Es ahora la figura de la víctima social quien ataca, es quien te argumenta que todos los hombres que pegan a las mujeres lo hacen por el mero hecho de ser mujer. La misma que defiende que una mujer es libre con su cuerpo de hacer lo que quiera, pero consigue mandar al paro a todas las azafatas de la Fórmula 1. La misma que supuestamente pelea por evitar más mujeres fallecidas pero se opone a la Prisión Permanente Revisable facilitando la reincidencia. La misma que grita que en mi cuerpo mando yo, pero pide la abolición de la prostitución. La que desde la condición social de víctima ataca a todo un colectivo al que llama delincuente, mientras le agradece y le grita que el violador eres tú. La que defiende una sanidad pública por el bien de todos mientras pretende legalizar las drogas. La que apoya al colectivo LGTBI, aprueba el aborto público y gratuito, pero se posiciona en contra de los vientes de alquiler.

La Política de la Contradicción es el trilero en Las Ramblas que engaña generando un debate sobre dónde estará realmente la bolita, pero que desaparece cuando es descubierto sin generar autocrítica. Mañana volverá a estar ahí. Mañana te volverá a engañar. Muy a pesar de que todo el mundo sepa que los trileros están precisamente ahí para engañar. Ellos siempre tendrán su público, su audiencia, sus millones de voces, sus redes sociales. A fin de cuentan siempre tendrán sus votantes.

¿HACIA DÓNDE NOS LLEVAN?

Aquí es donde se te debería caer la venda a pesar de que entiendo que eso es complicado. Es más fácil engañar a millones de personas que años más tarde hacerles ver que fueron engañadas. Por eso me he tomado la molestia de describir el proceso desde el inicio hasta el final, porque aunque como hombres y mujeres no tengamos poder alguno para cambiar el rumbo que nos ha sido asignado, os puedo asegurar que se vive más cómodamente teniendo conciencia real del suelo que pisamos. Aunque todos estemos en la misma cueva sin prácticamente poder escapar de ella, es más gratificante vivir el resto de tus días sabiendo al menos dónde te encuentras realmente, qué es lo que te ha tocado vivir y sobre todo, cuál posiblemente sea la siguiente función de esta gran obra de teatro.

Al igual que al inicio de este texto hablábamos de un esquema lógico para explicar el análisis costes-beneficios ahora, para llegar a cerrar este círculo, tenemos que hablar de los factores de riesgo y factores de protección. Esto no necesita de ningún dibujito. Todos estamos expuestos al riesgo desde que salimos de casa. Todos tenemos hábitos diferentes. Todos aplicamos a nuestra vida la autoprotección que cada uno considera. Todos vivimos rodeados de condicionantes que nos favorecen o nos dificultan la seguridad personal.

En la sociedad actual la única manera correcta de desarrollar nuestro modo de vida social sería aplicando el Modelo de Seguridad en el Hogar. Todos tenemos un concepto de hogar, que más allá de que sea una chalet o un apartamento guardan en común la idea de seguridad. En nuestra casa nos sentimos seguros de lo que pueda ocurrir fuera de nuestras paredes. Recordad aquella palabra mágica dentro de los juegos infantiles para que a un niño no le puedan coger en el pilla-pilla, "casa". En nuestra casa intentamos aumentar al máximo los factores de protección y reducir los de riesgo.

Ya solo en la puerta de entrada intentamos tener un modelo blindado con anclajes en el suelo y en el techo, cuatro cierres laterales, cerradura de seguridad, sistema antibumping, segunda cerradura auxiliar o cerrojo, mirilla e incluso hasta una cadena. Además no sería extraño encontrar una vez dentro una alarma o una cámara de seguridad desde la cual acceder desde nuestro smartphone allá dónde estemos, incluso un perro que con sus ladridos nos alertase de que algo extraño está ocurriendo. Lo que está claro es que a nadie se le ocurriría dormir por las noches con la puerta abierta de par de par de su casa. Por lo tanto, ¿si aplicamos esto a nuestra vivienda que es donde nos encontramos más seguros, porque no fomentamos el mismo plano de comportamiento en la calle donde precisamente estaríamos más expuestos? Dos razones son la que dan respuesta a este interrogante.

La primera razón es que un porcentaje ínfimo de la población vive pensando que podría ser víctima de un delito. Lo normal es intuir que eso es algo que le pasa a otras personas. Este pensamiento funciona como una barrera de protección que sobre todo en la adolescencia resulta inexistente. Los medios cuando pretenden educar en estos valores no lo hacen desde la seguridad objetiva, sino desde la sobredimensión de la seguridad subjetiva a sabiendas de que lo único que generarán será psicosis, que a su vez genera caos, controversia e incertidumbre, incluso en muchos aspectos que se encuentran totalmente controlados.

La segunda razón es que si se aplicasen los factores de riesgo y protección en el hogar a la exposición social, los delitos que interesan para cambiar la Política Criminal se reducirían de tal suerte que la seguridad dejaría de ser una baza política. Sería el propio pueblo el que reduciría la parcela de intervención, poder y control del Estado sobre sus propios ciudadanos.

Veréis, todo esto solamente les lleva a adoptar la Estrategia Facilitadora para perpetuar el crimen. Los muertos interesan, es más, los muertos son políticamente necesarios porque sin ellos el Estado no encuentra manera alguna de legitimar ciertas intervenciones sobre la población. No culpéis a quienes aparecen proclamándolo porque ellos no dejan de ser los tontos útiles. Nadie de quienes aparezcan haciendo una performance en plena calle para salir en los telediarios sabe realmente que está contribuyendo a generar más muertes. Llegar a exponer esta idea es complicado como habéis podido comprobar, pero en el momento actual he encontrado la ayuda necesaria para llegar a representarlo.


La simbología es más importante que la cantinela. Nada se elige al azar. La víctima social lleva los ojos vendados, prueba de que nada le dejan ver y nada quieren que vean. La venda es la niebla. Siempre hay niebla y la más eficaz es la que no ves, la que no te alerta, la que no te deja ver sin que te des cuenta de ello. El violador eres tú, dicen. Tú, es el receptor del mensaje. Es cualquiera que les escuche. Es el colectivo pasivo preferiblemente de hombres formado por el 99,99% de las personas que no violan. Tú, es la manera de difuminar la realidad. Tú, son los sacos de paja que entierran el verdadero peligro. Tú, es el trilero.

"Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía."

Este verso encierra la totalidad de lo aquí expuesto. La idea no es otra que la de salir a la calle reduciendo totalmente los factores de protección, cegados, con una venga en los ojos, a la vez que tergiversan el lenguaje queriendo confundir la culpa con la responsabilidad. La culpa siempre será del delincuente, pero si nos robasen por dormir con la puerta abierta de nuestra casa todos reconocerían parte de la responsabilidad. Habría que enseñar a aumentar los factores de protección y reducir los de riesgo y ello implica el dónde estés, con quién estés, dónde vayas, de qué manera y cómo lo hagas. Nadie debería hacerte daño jamás, pero vivimos en una realidad donde existe la maldad a la cual no podemos facilitarte ninguna puerta abierta. Siempre que vayáis con los ojos vendados no seréis capaces de ver el peligro. Es nuestra responsabilidad no generar la oportunidad por que es el único control que podremos ejercer sobre la maldad. Ella ya solita se encarga de hacer el resto.

Cuando colocas el locus de responsabilidad exterior fuera de tu propia figura, ya sea en el Estado, en el patriarcado, en el presidente, en los policías o en los jueces tal y como dice la canción, lo único que estas fomentando es una filosofía de hábitos de vida que le pone las cosas más fácil al delincuente.  Esto es lo que se conoce como la Estrategia Facilitadora. Si no eres consciente de que no existen derechos absolutos y que cualquiera podrá siempre venir a vulnerártelos porque estamos expuestos a una realidad social donde han existido, existen y existirán asesinos y violadores, lo único que conseguirás es generar sin saberlo oportunidades.

¿CUÁL ES EL RESULTADO FINAL?

El círculo de trabajo es el siguiente. Como resultado lo único que vas a conseguir es aumentar tus factores de riesgo facilitando con ello el crimen, generando la oportunidad, aumentando el caos, el mal debate en los medios para que sobredimensionen la seguridad subjetiva, legitimando la Política Criminal, provocando a su vez más Estrategias Facilitadoras que generen más oportunidades para sumar más crímenes. Y como comprobaréis ya se ha cerrado círculo vicioso. Así es como la Política de la Audacia se convierte en Política de la Contradicción. Así es como se pretende perpetuar el crimen. Este Nuevo Orden Mundial infunde ánimo a la maldad que vive dentro del libre albedrío para que  consiga un resultado más positivo en su análisis costes-beneficios.

Tanto los tres textos iniciales que enlazo al inicio como este cuarto, guardan relación con el que posiblemente sea el siguiente y último de todos. Aunque sea complicado de comprender toda esta estrategia del horror que os he ido presentando por fascículos guarda un objetivo común, que por muy difícil de creer, resulta más que beneficios para todos. Es la excusa bajo la cual dan rienda suelta a todos sus demonios, a sabiendas que son ellos mismos los únicos capaces de equilibrar la balanza. Como ya os conté en la primera entrada de este blog, ellos son quienes controlan la Teoría del Equilibrio.

Sé que resulta complicado llegar a imaginar un fin que equilibre las mayores atrocidades del ser humano y a pesar de que ninguna de ellas jamás se pueda justificar individualmente, sin la suma de todas dejaríamos inevitablemente de existir.

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