martes, 16 de julio de 2019

El Derecho al Aborto y la Niebla

Veréis, últimamente si es que me leéis, os habréis dado cuenta de que empiezo muchos de los párrafos diciendo veréis. Esto es sencillamente porque es la primera vez que empiezo a escribir para otros, con la intención de dirigirme a un tercero y no con la principal finalidad con la que siempre he escrito que ha sido básicamente la de entretenerme a mí mismo. Si por las razones que fuesen llevas un tiempo visitándome sabrás a qué me estoy refiriendo.


Todo esto viene al caso porque de nada sirve alertar de un fuego en un lugar donde nadie podrá oírte. Digamos que aquí el interés en ser leído sucumbe a las necesidades de hacerme reír a mí mismo, para al menos en un futuro aminorar el llanto interior que me supondrá el rumbo social mayoritariamente colectivo que unos pocos decidieron tomar por el resto.
Veréis, la vida se compone de dos caminos. No hay más. Al menos en esta suposición de ideas no hay más caminos, os lo puedo asegurar. Además elegir uno a priori no te supondrá nada, porque ambos caminos convergen constantemente. No hay una decisión acertada frente a la otra. En una misma semana pueden cruzarse varias veces y se te presentarán muy a menudo como una vitrina de pasteles de la que huiría un diabético. Y eso mismo es lo que tú haces, huir, aun sin saberlo. Por eso decidí en su momento adentrarme más profundamente en este campo respetando las reglas espacio temporales que cualquier humano necesita para empezar a asumir que todo es mentira, que vive en una gran obra de teatro. 


El primer camino es una senda despejada, casi bucólica, como un lienzo que se expone para presumir de él. El segundo es una frondosa niebla que lo tapa todo, que no te deja ver más allá de un palmo, como uno de esos cuadros grises a manchas del que todos pensamos que eso lo pintaría cualquiera. Y ahí está el truco, en hacerte creer que tú podrías ser el autor, para que te rías, para que ironices y sonrías mordiéndote el labio inferior con tus incisivos mientras niegas con tu cabeza cerrando poco a poco los párpados y sobre todo, para que luego te marches. Eso es lo más importante, que te marches pensando qué gilipollas pagará por él una millonada y sin llegar a entender jamás que el valor de ese extraño cuadro es llegar a ver lo que hay detrás de esa niebla. Lo que no se ve. Lo que tú no ves. A estas alturas si no has entendido el símil del cuadrito de los cojones y piensas que estoy vanagloriando el arte moderno, cierra esta web y vete a Facebook a pedirle vidas para el Candy Crush a tu prima la de la Barcelona.


La niebla es el fenómeno atmosférico que más temo. Es el único capaz de privarte sensorialmente sin ponerte una mano encima. Es como un cáncer que aparece sin dolores y que Dios quiera que se vaya cuanto antes. Si alguna vez habéis estado más de lo necesario dentro de un banco denso de niebla que no os permita ver ni la hora en vuestra muñeca, sabréis de lo que hablo. La sensación de ser incapaz de reconocer la existencia de un posible peligro a dos palmos de tu cara te convierte en un bebé abandonado en un bosque de lobos. Es la ceguera de un vidente. Por eso nadie escoge el camino de niebla, porque habría que estar loco. Y por eso pocos de los que escogen esa opción son capaces de continuarla hasta el final, porque es el mismo camino el que te terminará volviendo aun más loco.


Tómatelo como fases, escalones de sabiduría. Puedes llamarlo como quieras. Esto es como cuando éramos pequeños y entrábamos en el colegio. Todos recordaréis que cuando nos enseñan a sumar y a restar la profe de parvularios nos dice que 5 menos 7 no existe. Y nosotros nos lo creemos. Cuando vamos avanzado de curso nos enseñan los números negativos y nos damos cuenta de que esa profesora nos tenía engañados. Pues así funciona. El camino de niebla es solamente un pretexto para seleccionar aquellos peregrinos con inquietud. La verdad depende de lo que decidas investigar dentro de él. Recuerda que las primeras verdades que se te vayan mostrando no necesariamente lo serán más adelante. Para bajar el concepto al mundo de los vivos podríamos decir que lo que se conoce como un "cuñao" es un ser imbécil que entró una tarde tonta en el camino de niebla, posiblemente por despiste, y se quedó con las primeras imágenes que le presentaron para encima venir luego a contártelo, creyendo con ello que ya tendría suficiente como para alimentar su alma hasta los restos.


Cada uno de los enlaces que os he ido poniendo entre los párrafos son, en este caso, los escalones a los que me refiero, o visto de otra manera, las cruces rojas que podéis ver dentro del laberinto. La gran diferencia es que en ningún momento os he venido contar que 5 menos 7 no exista. Para todo lo demás ya tenéis las cruces azules. De ello que hoy os toque dar el siguiente paso.

Hoy escribo estas líneas para mostrar la realidad que hay detrás del movimiento abortista y no precisamente del reivindicativo que hace ruido en las calles. A estas alturas ese ya lo conocéis bien y sabéis que funciona a base de talonarios. Son las cruces azules. Me refiero al que hay detrás, al que esconde la niebla. A las cruces rojas. Al que decide que la palabra aborto es tan dura que su estrategia debe pasar por cambiarse el nombre a Movimiento Proelección.


En España, al igual que en la mayoría de países desarrollados donde el movimiento abortista es otro lobby de presión, la interrupción del embarazo se puede realizar atendiendo a una serie de criterios enfocados a dos dimensiones: temporalidad y salud. Es decir, se podría interrumpir legalmente un embarazo dentro de un espacio concreto, generalmente señalado en semanas y a su vez en relación al condicionante de salud que pueda acarrear un riesgo tanto para el feto como para la madre. Por lo tanto, si se puede abortar, ¿cuál sería la realidad de las reivindicaciones? O dicho de otra manera, ¿qué es lo que están pidiendo? La respuesta es bien sencilla.


El fin es el reconocimiento del aborto como un derecho, lo que conllevaría la protección jurídica y la sumisión de los poderes públicos a dicho derecho, arrastrando un aluvión de políticas públicas y decisiones ejecutivas a razón de conseguir articular este apartado constitucional en la práctica: presupuesto sanitario individualizado, especialistas públicos y privados, concesiones externas, clínicas publicas y centros ad hoc, intervención en materia educativa, nuevas legislaciones y más proteccionismo estatal. A fin de cuentas, control, control y más control para el Estado. Abortar como un derecho implicaría la eliminación de las dos dimensiones anteriormente citadas, el tiempo y la salud, lo que vendría a despenalizar todo tipo de práctica abortiva que en la actualidad recoge nuestro Código Penal, salvo las realizadas fuera de los ojos del guión público. Los argumentos, que los escucharéis en años venideros ya os los voy adelantando yo; que ninguna mujer tendría que abandonar a un bebé en un contenedor, que se evitarían los centros clandestinos y las clínicas ilegales donde se practican estos hechos, o que ninguna embarazada tendría que recurrir a un chamán para que introduciéndole una percha doblaba le sacase el feto de dentro, con el riesgo evidente para su salud. Y así con todo.

A ellas no las culpéis, de verdad, como si estuviesen jugando el Pac-Man se fueron comiendo todas las pocas cruces azules que había en el camino despejado y para colmo, si alguna vez les dio por entrar en la niebla se quedaron con las primeras imágenes falsas. Es más, ellas no tienen ni puta idea del verdadero interés que hay detrás de reconocer el aborto como un derecho. Piensan y seguirán pensando que le están haciendo un favor a la mujer.



Recordad siempre que es más fácil engañar a millones de personas que hacerles ver más adelante que han sido engañados.

Ahora imaginaos esas clínicas públicas, esos centros privados. Imaginaos a esas nuevas generaciones ya reeducadas yendo a abortar en masa como nuevo método anticonceptivo. Imaginad a esa sociedad enferma legitimando el derecho a hacer con tu fertilidad ya probada lo que a ti te venga en gana. Imaginad a esos poderes públicos alimentados por una turba infecta que les aporta millones de votos. Imaginad el equipo de psicólogos subvencionados atendiendo a estas mujeres, recomendándoles que no, que lo mejor es no retener ninguna imagen del feto. Imaginad al doctor y al enfermero atendiendo a razones ilógicas que nada tienen que ver con la salud. Imaginad la institucionalización del horror hecha realidad. Y ahora, si podéis, imaginad el tratamiento posterior y el secretismo de todos y cada uno de los procedimientos abortivos. Ahora, apartad la niebla.


Poneos en la medida de lo posible en la situación del hombre de la foto. Ahí, lavando y clasificando fetos por peso, o por sexo si fuese posible, como un proceso más de toda una cadena de montaje. Es más, como si ya tuviesen dueño. Y es que precisamente, así es. En el siguiente vídeo podemos ver a una representante de la asociación Planned Parenthood que se definen como un grupo de defensa y proveedor de servicios de salud reproductiva y educación. Un eufemismo maravilloso digno de un funambulista del lenguaje.



Lo peor de todo esto es que, lo que yo te muestre, al igual que en la niebla, dará exactamente lo mismo. Es difícil de explicar pero lo intentaré. Si dos personas discuten sobre dos posiciones diferentes no necesariamente una de las dos tenga que estar equivocada. Que yo os haya mostrado siempre cruces rojas no quiere decir que más adelante se os presente otra igual pero contraria con la que consigáis visualizar un concepto común que daría una forma explicativa a todos los peores quehaceres del ser humano. Para la gran mayoría de todos nosotros, al menos en estos casos, el fin nunca justificaría los medios, pero la realidad es que hasta ahora tampoco conocéis la existencia de ningún fin común para todo lo que aquí os he querido mostrar. No olvidéis que a pesar de lo aquí expuesto, da igual lo que yo os cuente. Lo importante siempre será matar al mensajero. Aquí tenéis lo que esconde la niebla sobre el Derecho al Aborto.

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