miércoles, 30 de enero de 2019

El Caso Julen y la feminización del efecto Timmy O'Toole

Si has entrado aquí esperando encontrar morbo ya puedes volver por donde has venido. Si por el contrario eres de lo que buscas otras fuentes de información y otro prisma diferente porque los tradicionales te dan arcadas, adelante. Muy posiblemente aquí te sientas como en casa. Adelanto que este post nada tiene que ver con las causas o la investigación del suceso de Julen, sólo y exclusivamente con el análisis del tratamiento mediático por parte de los medios de comunicación. Si venías a la espera de jugar a Crímenes Imperfectos, por favor, cierra al salir.

Si tuviese que quedarme con tres momentos televisivos esperpénticos tendría muy claros cuál elegir. Mis dudas irían más relacionadas sobre cómo posicionar ese podium de medallas. Me he pegado varios años con Telecinco desintonzada, por principios,  hasta que cambié de televisión y la verdad, no caí en volver a posiciones anteriores. La diferencia es que la calidad periodística matinal es de tal bajeza moral  que a día de hoy si quisiese continuar con mi cabreo personal no me quedaría otra que desintonizar la mayoría de ellas, y tampoco es plan de vivir aislado de la mierda, no vaya a ser que un día te llegue a salpicar y encima sin que te des cuenta.

El otro día me acordé de cómo el programa de Ana Rosa Quintana consiguió la confesión de Isabel García, mujer de Santiago del Valle, asesino de Mariluz, que no pudo haberse dado en los tribunales. Atentos a al gran frase: "Me la voy a llevar porque no me la va a quitar nadie. Y no va a hablar con nadie más". Nadie sabe cómo, pero la causa contra AR, Telecinco y Cuarzo quedó archivada.


Mantuvieron retenida bajo su voluntad y tras varios testimonios abiertos sobre que quería marcharse del lugar a una importante pieza de un crimen, a punto del desvanecimiento físico, con la única intención de conseguir la confesión que hasta ahora no se había dado. La deontología periodística bajo ceros de los mismos capaces de hacer especiales informativos para criticar a todos aquellos que les plazca. Al parecer la autocrítica jamás ha ido de la mano de los periodistas.

El segundo de estos creo que ya lo conocéis todos y fue sin duda la noche en que montaron un plató en directo literalmente sobre el dolor presencial de Las Niñas de Alcassèr. Momento 03:02 a las seguidas palabras de Nieves Herrero: "Vamos a compartir ese momento".


Estas semanas pasadas hemos vivido algo que muy posiblemente podría superar los hechos anteriores. Un sin fin de medios mediatizando la tragedia de un bebé atrapado en un pozo a la misma vez que tras trece días de trabajo seguían vendiendo la idea de que pudiesen encontrarlo vivo, sencillamente porque si la gran parte de su target televisivo hubiese sabido ya de su fallecimiento no habrían continuado pegados a la televisión. La idea era vender que estaba vivo, más allá del sufrimiento. La falsa esperanza a sabiendas de que era imposible era la que mantenía los altos niveles de audiencia. Julen es un ángel, Julen es un minero, Julen está vivo. Y así día tras día.

Tengo que hacer grandes esfuerzos para llegar a comprender la psique social humana. No es normal el interés que suscita el morbo por la desgracia ajena y en contraposición la envidia que genera el éxito de un tercero. Yo no digo que no se informe, todo lo contrario, pero que se haga desde la profesionalidad periodística que se merecería una profesión que está de capa caída. La primera conclusión que sacaría es que el ser humano es despreciable, pero eso es algo que ya se sabía y que va más allá de que la agonía de un bebé te mantenga pegado a la televisión. Mi conclusión es que la gente necesita saber que los demás sufren y sobre todo necesitan saber que los demás sufren más que lo que podrían sufrir ellos. Ahora quiero adentrarme en el porqué del tratamiento de estas noticias.

Hace más de dos décadas existía un programa a media tarde que se llamaba curiosamente también Espejo Público, presentado por Pedro Piqueras. Desde aquí se narraban los sucesos y la crónica negra desde una perspectiva bastante más seria y respetuosa que la actual, sin ninguna mesa de debate. No existían opiniones enfrentadas. Básicamente no existía circo alguno. Todo era una información en una sola dirección sin toxicidades donde cada cual recogía lo que considerase más cierto que falso y continuaba con su vida.


La profesionalidad y la ética de hace veinte años, tras el revés moral que recibieron los medios por el tratamiento de Alcàsser alzó las miras de unos profesionales que empezaron a dedicarse a hacer lo que se conoce como televisión de calidad. Veinte años más tarde la sociedad y el consumidor ha cambiado lo suficiente como para se quieran olvidar los errores del pasado. Hacer las cosas mal da mucho dinero.

Los sucesos y la crónica negra ya no resulta de interés a las 19:30 horas. No. Desde hace unos años la línea de este tipo de sucesos se construye en los matinales televisivos cuyo target está formando fundamentalmente por personas desocupadas, al menos en horario matinal, mayoritariamente mujeres, más en concreto amas de casa. Podríamos hablar claramente y dentro de un rango de probabilidad muy acertado, de que este tipo de situaciones se moldea para que generen el interés de este perfil mayoritario, ya que tras los datos de la feminización del paro y la difícil compatibilidad con la maternidad, lo más habitual es tener una audiencia altamente femenina por las mañanas en la televisión y altamente masculina en la radio camino a sus trabajos. Si dudáis de mis apreciaciones y de los informes del EGM porque pensáis que hombres y mujeres mantenemos los mismos roles y comportamientos tan sólo tenéis que fijaros en un atasco mañanero cuántos hombres y cuántas mujeres se encuentran solitariamente conduciendo sus vehículos. Por ello todos los matinales de España están capitaneados por una presentadora mujer, para que la espectadora empatice y encuentre más calidez con una figura de su mismo sexo que con la del sexo contrario. El concepto de ama de casa es tan importante para los estudios de medios que directamente le crean un apartado único de análisis.


Con esta muestra de realidad no pretendo culpar al colectivo femenino. Que me aspen el día que me comporte como muchas de ellas metiendo en el mismo saco a una totalidad de personas por el mero hecho de haber nacido mujeres. Lo que no puedo obviar es que el producto televisivo al que hago referencia, de consumirse en la calle, se vendería en unos grandes almacenes, pero dentro de una sección femenina, dirigida a mujeres desempleadas. Ellos, los medios, dan lo que saben que interesa. Es un toma y daca que nos debería hacer reflexionar más a nosotros que a los directivos de las cadenas. No deja de ser como la droga. Es cierto que está socialmente mal vista, pero también es cierto que nadie te pone una pistola en el pecho para que la consumas. Si nos dejamos crear la necesidad a lo mejor es que no valemos tanto como personas.

El morbo generado es tal que te hace, además de informarte pegado al matinal, consumir productos televisivos a los que jamás prestaste atención, como ese reportaje de investigación que lo van a emitir cuatro días más tarde o ese foro en el que te diste de alta sólo y exclusivamente para convertirlo en una peluquería de barrio. Esto no es más que el resultado de la feminización del morbo, más todavía entre mujeres desempleadas con el tiempo suficiente libre como para dedicarse a estos asuntos y lo más importante, de esas maneras.

Recuerden el tratamiento de la crónica negra cuando se emitía los fines de semana sobre las 19:30 horas bajo la figura de un respetable Pedro Piqueras a la hora de una merienda larga en familia, cuando el padre y la madre, muy posiblemente con algún hijo delante, se encontraban delante de la pantalla conociendo sobre el último asesinato de aquel pueblo perdido, aquella violación que nos dejó a todos boquiabiertos o el último atropello y fuga del que no se sabe nada. Y ahora, compárenlo con esto y con el despliegue de medios acreditados.


Para quien aun no se haya dado cuenta el efecto Timmy O'Toole no es más que el sobrenombre que he decidido ponerle gracias al capítulo trece de la tercera temporada de Los Simpson, titulado Radio Bart. Voy a dejaros simplemente unas capturas de pantalla para llegar a comprender lo poco que hemos avanzado como sociedad cuando unos guionistas ya supieron reírse de nuestro comportamiento un 9 de enero de 1992.


Les aconsejaría que le echasen veinte minutitos al capítulo entero. No quiero aburrir comentando cada captura de pantalla. Compruébenlo por ustedes mismos, les resultará algo bastante más constructivo.

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