miércoles, 27 de diciembre de 2017

Cómo analizar e interpretar la Estadística Criminal en España

La recogida y exposición de datos normalmente pueden llegar a ser un arma de doble filo, más si del compendio de ese trabajo dependen entre otras cosas partidas presupuestarias del Estado. En cualquier campo científico, sea el que sea, si no somos capaces de analizar e interpretar no dejaremos de ser marionetas en manos de otros y a mí personalmente es algo que siempre he repudiado. Para llegar hasta la construcción de nuestro propio criterio necesitamos al menos de una mínima base teórica, siendo ello lo que hoy quiero mostrar.

Muchas veces escuchamos o leemos que si el número de delitos aumenta, que si la tasa de criminalidad se ha visto reducida o que si las denuncias por violencia de género son elevadísimas. Los más gilipollas siempre dicen que si tú te comes un pollo y yo ninguno la estadística dirá que ambos nos hemos comido medio pollo, lo que nunca aprenderán es que de decirlo alguien no sería la estadística, sino la media aritmética y de que si hubiesen tenido la decencia de hablar desde el conocimiento, sabrían que la desviación típica habría recogido el error, por lo que tras analizar e interpretar, llegaríamos a la conclusión de que alguno de los dos no ha probado ni un trocito de ese pollo. Este ejemplo siempre me pareció bastante lustroso para poner de manifiesto lo bobos que podemos llegar a ser sin la construcción de un criterio plausible, sin haber conocido jamás las dos palabras más importantes que ya he repetido varias veces en este texto, analizar e interpretar.


En España se trabajan con las siguientes estadísticas oficiales: Policiales, Judiciales y Penitenciarias. Estos datos también quedan recogidos en el INE, Instituto Nacional de Estadística. Existen otras formar de recoger datos criminológicos, pero valen poco más que para mantener sueldos, ya que no pueden aportar absolutamente fiabilidad ninguna, así que nos centraremos en estos tres principales grupos.

Vamos a empezar a hablar de ellas al revés de su mención. Comenzaremos por las estadísticas penitenciarias, las mismas que le dan un parón a la carrera criminal del delincuente tras su privación de libertad. Estas estadísticas recogen el número de reos, de cualquier tipo, también los preventivos. No obstante, no tienen en cuenta la casuística personal de todos aquellos que llegada la fecha de resolución de condena no se encuentran en un estado de salud como para ser reos. No pensemos en ancianos, ni accidentados, sino en todos aquellos politoxicómanos con sus derivadas enfermedades que tienen que pasar a otros centros para recibir un tratamiento. Esta estadística no es definitoria para aglutinar el número de delincuentes y mucho menos de delitos cometidos, ya que solamente tendrá en cuenta aquellos procesos en los que el condenado sea sentenciado a prisión, dejando con ello fuera a una infinidad de casos. No resulta ni representativa ni fiable para darle una explicación al ciudadano.

En segundo lugar nos encontramos con las estadísticas judiciales. Éstas se dividen en dos: Memorias de la Fiscalía General del Estado y Consejo General del Poder Judicial.

Las primeras recogen las diligencias previas abiertas en los juzgados, es decir, suman por cada diligencia incoada, sea o no delito, sea por ejemplo, información ampliatoria sobre un delito ya iniciado. Es decir, podríamos tener la suma de veinte procedimientos distintos por un mismo hecho delictivo. Ya no estaríamos hablando de duplicidad, sino de una multiplicación absurda. Además no existe un criterio unitario entre todos los juzgados. Esta estadística solamente es válida a nivel interno, para conocer el aglutinamiento de trabajo entre los distintos juzgados. De aquí es donde se afirma que al año se consuman cientos de miles de procedimientos en relación a la violencia de género. Creo que ahora es cuando ya te vas enterando de algo.

Las segundas son las dependientes del Consejo General del Poder Judicial que recogen todos los asuntos ingresados en las jurisdicciones, las sentencias dictadas y las personas condenadas. Es decir, la información aportada vale para exactamente lo mismo que las anteriores. Aun así, incluso dentro de los mismos órganos judiciales tenemos criterios bastante distintos, porque ni entre ellos existe una conexión metodológica. No obstante, todos los datos judiciales siempre estarán engordados hasta niveles insospechados si lo que nos interesa es el nivel delictivo de España. No aporta datos sobre el tipo de delitos, ni sobre sus víctimas, ni tan siquiera sobre sus autores. 

En tercer y último lugar, tenemos las estadísticas policiales. Éstas sí recogen el número de delitos cometidos, evidentemente conocidos y denunciados. El problema que llevan consigo es que nadie va a borrar los datos de todos aquellos presuntos delincuentes que finalmente no lo fueron, de todas aquellas denuncias que tras un juicio son reconocidas como falsas, de las absoluciones que pudiesen darse en el proceso judicial no por errores judiciales, sino porque finalmente en mitad del proceso se terminase conociendo la verdadera identidad de un nuevo delincuente. Sin duda alguna, a pesar de estos sesgos, son las más fiables, a pesar incluso de no recoger el porcentaje de denuncias que se inician en los juzgados, que aunque en España sea un porcentaje mínimo son datos que se escaparían.

Digamos que el resultado más exacto sería el de la suma total de los delitos conocidos por las estadísticas policiales, más los delitos denunciados directamente en los juzgados, menos la totalidad de los delitos tipificados como denuncias falsas, que a su vez crearían otros nuevos delincuentes, siempre y cuando en estos delitos hubiese una acusación personal a otra persona. 

Si con todo esto tenemos encima en cuenta el número total de delitos cometidos que no se ponen en conocimiento de las autoridades, la llamada cifra negra, llevaríamos nuestras afirmaciones por el camino correcto tras el buen análisis e interpretación de cualquier compendio de datos que tuviésemos delante.

Por otro lado tenemos la denominada Tasa de Criminalidad. Esta tasa es una de las principales comparativas entre países para intentar sacar pecho. Es la que dejó fatal a Brasil cuando se dio a conocer la sede de su Mundial y sus Juegos Olímpicos. Como no, al igual que todos los informes, las tasas de criminalidad también necesitan de algún aporte teórico, aunque creo que bastante más liviano para todos aquellos que conozcan lo más mínimo lo que significa la palabra tasa.

Las tasas siempre van condicionadas al número de habitantes. Suelen representarse cada mil de ellos, por lo que un país podría tener un número bastante mayor de delitos que otro, pero una tasa de criminalidad inferior, debido a su población. Es por lo que en España, a pesar de haber aumentado el número de delitos en los últimos diez años, la tasa de criminalidad ha bajado varios puntos, porque a pesar de que la población ha crecido bastante, sobre todo por las oleadas de los inmigrantes que son a su vez quienes más hijos tienen, estos inmigrantes han aumentado considerablemente el número de delitos, al igual que la crisis económica ha acrecentado la delincuencia nacional sin necesidad de inmigrantes, llegando a duplicarse por ejemplo los delitos de hurto. Aun así, dentro de los niveles de esta tasa, el número de habitantes ha sido proporcionalmente más grande que el número de delitos cometido, es por ello por lo que la criminalidad en España está bajando, lo que para nada quiere decir que se estén cometiendo menos delitos, sino todo lo contrario. 

A pesar del primero de los gráficos que mostré, los delitos cometidos solo por adultos en el año 2005 fueron sobre 130.000 y en el año 2016 sobre 365.000 según los datos que aporta el INE. ¿Cómo es posible con estas cifras que casi tras triplicar el número de delitos entre adultos la tasa de criminalidad haya bajado entre estos años como indica el Ministerio de Interior y ratifica el Departamento de Seguridad Nacional?. Todo esto llevaría consigo el estudio de la Dogmática Penal y su posterior análisis, la inclusión de nuevas tipologías delictivas, la concepción de la nueva familia y la baja natalidad española, las oleadas de inmigrantes, la democratización de Internet y el uso cotidiano familiar, las críticas a cómo se recogían los datos estadísticos hace más de diez años y como no, el interés por hacer de los datos lo que ellos quieren que nosotros veamos.

Este punto final me parece el más interesante de todos, es el la mejor conclusión que se puede hacer de la suma de todo lo mostrado en este texto, resultado del análisis y la interpretación dominando la base teórica. Es lo que se debería esperar de cualquier persona que se atreva a hablar y aportar conclusiones dentro de cualquier campo. Por mucho que os vengan contando otras historias, quédate con esto.

Si tienes interés en profundizar en el tema te dejo los enlaces a los datos del Ministerio de Interior y del Instituto Nacional de Estadística. Entre otras cosas podrás comprobar que todo lo recogido aquí es cierto.

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