lunes, 15 de mayo de 2017

La paridad patológica como estrategia de marketing

El otro día estaba viendo Los Simpson en Antena3 cuando me llamó la atención la nueva cortinilla que daba paso a los anuncios y esta vez no era por tenerme que esperar siete jodidos minutos. La cadena de Atresmedia ha cambiado levemente su imagen, ha modificado su mosca redondeando un poco los bordes y ha integrado una nueva fuente para maquetar, un nuevo diseño con un tinte muy veraniego. A pesar de todo lo mencionado el cambio que más captó mi atención fue el siguiente vídeo que os muestro.

 

Era la primera vez, al menos que yo recuerde, que entre los modelos que utilizan algunas cadenas para sus cortinillas se contrataba la imagen de un chaval con Síndrome de Down. Dios me libre de estar en contra de esta propuesta, no empecemos a llevar el tema por los derroteros que no interesan, simplemente quiero analizar un poco la paridad patológica que se está llevando a cabo desde los medios de comunicación, algo que directamente no lo considero ni negativo ni positivo, pero sí que muy presumiblemente sea otra de las ramas del Marxismo Cultural del que ya hemos hablado aquí.


Imagino que todos conocemos la paridad como aquella relación de igualdad o semejanza entre dos o más elementos a seleccionar. Todo esto se desarrolló con la diferencia entre hombres y mujeres en diferentes campos profesionales, lo que incluso llevó a legislar cupos femeninos para cubrir puestos por ley a pesar de que los aspirantes incluso no estuviesen ni cualificados para ello. Lo suelen llamar discriminación positiva y el resultado es el siguiente.

Esta es Madeline Stuart y este es su Instagram. Ella es modelo de alta pasarela y desfila en Nueva York con sus propios diseños.



Como se puede observar en el vídeo no es precisamente una mujer con un desarrollo cognitivo amplio, tiene problemas a la hora de andar y en ocasiones durante el desfile tiene que ir agarrada de la mano de otra compañera para evitar que se caiga.


Esto no me resultaría llamativo si las cosas se hiciesen como hace años, cuando en Médico de Familia trabajaba el actor Alberto Domínguez-Sol en el papel de Ernesto conocido por todos por ser el gran amigo de Marcial. Un hombre que tuvo que pasar un casting y aprenderse un importante guión sin la ayuda de nadie, un actor que fue tratado como uno más y que si posiblemente no hubiese dado la talla hubiese sido despedido como cualquier otro.


A día de hoy el caso de la señorita Madeline Stuart es una vulgar mercantilización de su enfermedad. No tiene cualidades para nada de lo que hace, como sí las tenía Alberto Domínguez-Sol con una interpretación impecable de lo que algunos hemos podido conocer en nuestras vida de un enfermo de Síndrome de Down trabajando. Ahora el mérito de esta chica es simplemente haber nacido así. Su trisomía unida a una campaña de marketing con muchos billetes han conseguido que sea una estrella de algo que no sabe hacer, desfilar. Faltan solo unas jaulas en la pasarela para que el esperpento que le han organizado parezca un zoo de flashes y cacahuetes. Bajo mi punto de vista, según los nuevos modernos algo primitivo, es una falta total de respeto a la enfermedad en sí, porque lo único que busca es viralizar el contenido por lo llamativo, exhibiendo al incapaz para rentabilizar posiblemente unos cuantos millones a sus progenitores.

En nuestra patria no hemos podido ser menos con esto de darle excesiva visibilidad a todo aquello que se salga del rango de treintañero de raza blanca, exento de patologías, heterosexual y cristiano. Como no, alguna marca tenía que jugar con el tema y ahora que viene el veranito qué mejor que una nueva campaña de ventas con la ayuda de una imagen coral donde se puedan sentir representados todas las esferas de esta estructurada sociedad. El Corte Inglés ha lanzado su campaña #SoyYo, con su eslogan "Que no te impogan la moda". Se habrán olvidado ellos mismos que llevan décadas intentándola imponer.


En este spot trabaja Marian, una chica afectada por el Síndrome de Down. Ella aparece vestida de amarillo en el anuncio y además en redes sociales como Facebook le han dedicado un especial donde nos cuenta un poco su experiencia durante la grabación.


Una vez accedes al link http://bit.ly/2qYTnQk no vuelves a verla nunca más. Entras en la web de compras de El Corte Inglés y de entre todos los protagonistas de la campaña no vas a ver ninguna cara con Síndrome de Down. 


Marian es sólo un reclamo que parece resultar incómodo justo a la hora de empezar a llenar el carrito y tener que meter los datos de la tarjeta de crédito.

Todo este pastel parece estar decorado con solidaridad, buenismo europeísta y buenas acciones sociales, pero no deja de ser la combinación más peligrosa de estos tiempos, Marxismo Cultural y capitalismo destructivo.

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