miércoles, 19 de abril de 2017

Aprendiendo a diferenciar capturas de pantalla reales

En la era actual de las pantallas táctiles y las conexiones 4G es muy fácil que se termine viralizando la falsedad, la intoxicación o la desinformación bien medida. Recordemos que una mentira repetida mil veces termina convirtiéndose en una verdad y no hay nada más fácil a día de hoy de repetir como loros sin tan siquiera abrir la boca, con un simple dedo, haciendo "Retweet" o clickando un "Me Gusta". Estas acciones tan simples son lo que antiguamente suponía quedar con un colega para contarle el último cotilleo del barrio, la diferencia es que ahora sin salir de la cama se lo puedes contar a miles de personas para que éstos a su vez se lo vuelvan a contar a otros cientos de miles más. Creo que este poder tecnológico conlleva una mínima responsabilidad personal.

El periodismo actual y las demostraciones que parecen irrefutables llevan ya más de un tiempo basándose en simples capturas de pantalla. Twitter y el acceso de toda la cúpula famosa y conocida de la sociedad ha protagonizado momentos espectaculares con inoportunas meteduras de patas. Todas ellas virales gracias a la simpleza de un screenshot de la que en muy pocas ocasiones se plantea nadie su veracidad. Digamos que la presunción de inocencia ante una captura de pantalla es inexistente, es una evidencia lo suficientemente sentenciadora como para apedrear a quien va dirigida.

Había pensando tratar este tema lanzando un globo sonda a las redes con el sencillo ejercicio de hacer creer que tras un error he podido demostrar que la cuenta de Twitter de @masaenfurecida estaba llevada en realidad por Jordi Évole, para pasado unos días terminar contando la verdad. Mientras me plantee el post me di cuenta de que más de uno caería con unas ganas tremendas de inspeccionar los antiguos tweets de @masaenfurecida y poder achacarle la falta de gusto y respeto a Jordi Évole. Algo que por otra parte hubiese resultado bastante interesante observar desde el burladero. Podría haber realizado el mismo ejercicio sociológico que hizo el catalán con aquel falso documental del 23-F, pero he tomado otra vía totalmente diferente. Os voy a contar directamente el final de la historia.

La noticia hubiese sido tal que así: 

Jordi Évole mete la pata con su cuenta de Twitter y saca a relucir la verdadera identidad de @masaenfurecida

El tuit fue eliminado a los pocos segundos, pero aun así doce usuarios de la red social llegaron a contestarle. El periodista catalán ni desmiente ni confirma.

www.noticias14.21.melocreotodo.com/jordievolemetelapata


Una vez ya se ha montado el circo y el público está aplaudiendo como focas la verdad del asunto empieza a importar bastante poco.

Aquí os voy a enseñar que sólo en cuestión de cinco segundos se puede modificar cualquier texto online para posteriormente capturarlo. Muchos ya lo sabréis, pero otros tanto usuarios desconocen estos métodos. Esta posibilidad implementada directamente en Google Chrome -desconozco si también es posible desde otros navegadores- tiene un sentido muy práctico para los programadores y desarrolladores de webs, ya que de un vistazo y sin sobreescribir ninguna línea de comandos puedes ver el resultado de un nuevo diseño alterando pequeñas nimiedades. Te ahorras tiempo y con ello dinero. Luego ya, como todo en esta vida, depende de para qué lo use cada uno. Vamos con el ejemplo:

1.- Accedemos a Twitter, por ejemplo el perfil de Gerard Piqué.


2.- Seleccionamos el texto que nos interesa modificar y trabajando desde Google Chrome pulsamos botón derecho de nuestro ratón y seleccionamos la opción "Inspeccionar".


3.- Nos aparecerán unos cuadros similares a estos siguientes que os muestro.



4.-  Una vez y ya sobre este cuadro hacemos doble click en el texto que nos interesa modificar.


5.- Y escribimos sobre éste el nuevo tweet de Piqué que vamos a simular.


6.- Finalmente hacemos captura de pantalla al gusto y se la enviamos a todos los contactos para viralizar una falsedad.


Aquí os dejo otros ejemplos de falsedades más dentro un enclave más politizado:

Todo este ejercicio se puede llevar a cabo como ya he dicho bajo cualquier texto online siguiendo los pasos ya mencionados y navegando bajo Google Chrome. Una noticia cualquiera, el editorial de un diario, un tweet o incluso lo que cualquier usuario pueda decir en cualquier foro es fácilmente modificable sin la necesidad de hacer uso ni tan siquiera de herramientas de edición como Photoshop o similares. Nos basta un navegador y cinco segundos para llenar la red de fake news. La mayoría puede que no cuelen, pero otras tantas sí, más si eres una marioneta camuflada con 340.000 seguidores.


Con esto no quiero decir que se deba dudar de absolutamente cualquier información que alguien aporte por el medio de los screenshots, la cosa no es tan alarmante, tan sólo basta con gastar un poco de cabeza y sentido común. Normalmente a las noticias de este tipo se les presta la atención debida cuando se viralizan, cuando resultan muy llamativas y grandes medios o grupúsculos a sueldo de otros intereses deciden repetirla infinidad de veces para terminar haciendo real algo que jamás ocurrió. Resulta bastante fácil diferenciarlas. Vamos a ello.

Cuando todo esto ocurre y es cierto y no existe manipulación alguna, es muy normal que cada medio quiera aportar su propia captura de pantalla. Con ello conseguimos que de una manera muy simple utilizando el propio buscador de imágenes de Google obtengamos diversas capturas de una misma frase, todas ellas tomadas desde diferentes "ángulos", refiriéndome con "ángulos" a que algunas están tomadas desde dispositivos Android, otras desde un PC bajo Firefox, otras desde el ecosistema Apple de sobremesa y otras desde las diferentes apps de iPhone. Es decir, la viralidad no nace de una sola prueba ajena a cualquier comprobación, sino que a los pocos días Google empieza a indexar cada una de las pruebas que aporta cada medio de comunicación, cada usuario, comprobándose fácilmente la literalidad de ellas y el sistema operativo desde el cual fueron captadas.

El ejemplo más claro es el que vivimos con Ramón Vera, alias Cassandra, @Kira_95 en Twitter, donde por mucho que él negase la participación de esos comentarios quedaron más que probados por muy diversas y distintas maneras y fuentes. Vamos que en Internet al igual que en la vida se coge antes a un mentiroso que a un cojo.


La única duda que me queda es qué hubiese ocurrido si me hubiese decidido a lanzar la historia de Jordi Évole. Recordad siempre que es mucho más gratificante comprobar las cosas por vosotros mismos independientemente de lo que diga todo el mundo.

Y ya para cerrar a modo de humor he visto que en El Español llevan bastante tiempo firmando editoriales con nuestros temas.

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