domingo, 16 de abril de 2017

Lo innecesario de pornotibizarlo todo

Cualquier usuario de Internet, incluso el más novato de todos, sabe a dónde debería dirigirse en caso de querer consumir porno. Ya no es un mundo underground de difícil acceso previo pago. Es más, ahora lo único que le falta es un pregonero real dando voces por nuestros barrios avisándonos de los nuevos contenidos y actualizaciones. Ya de por sí la simple navegación por Internet se hace complicada sin encontrar ni un sólo llamativo banner publicitario que nos muestre escenas excesivamente explícitas, y hago hincapié en su desproporción porque el reclamo parece personificado para todo tipo de posibles clientes. Reproducir contenido online en streaming en una TV en familia se ha convertido en un imposible. La intromisión de la pornografía ha terminado resultando tan agresiva y de una bajeza tan supina que termina aburriendo.


La suma de esfuerzos por pornotibizar cualquier contenido en la red es tal que roza la ridiculez. Se busca la atracción a través de todas las redes posibles. Tanto Instagram, como Flickr, como 500px o incluso como Youtube a través de su barata excusa de mostrar lo que ellos llaman vídeos educativos terminará sucumbiendo a una política tan parcial que será capaz de prohibirte la subida de contenido por la aparición de dos tetas pero te facilitará las visitas de una mujer masturbándose a dos manos porque lo considerará una clase teórico-práctica que mejorará la docencia y el conocimiento de cómo una chica tiene que frotarse sus partes, eso sí, con doscientos millones de visitas en un porcentaje de un 97% de varones, previo anuncio publicitario antes.

Toda esta política que evidentemente está dando buenos resultados económicos ha llevado al mundo del porno a una bajada de listón y gratuidad sólo digna de pajilleros de cabinas de sexshop. A su vez esto genera más contenido que a su vez generan más usuarios. La consecuencia es tener porno hasta en la sopa.

El usuario medio de este producto me recuerda al aficionado que vive por y para el fútbol moderno, el mismo que espera con pasión el telediario de Los Manolos en Cuatro para crearse su propia opinión, el mismo que sigue la vida y obra en las redes de todos los futbolistas. No se conforma con practicar el deporte, ni tampoco con disfrutarlo en su máximo apogeo, sino que además necesita estar al tanto de la diarrea de todo ese mundo.

Desconozco si el porqué del consumo en cualquier ámbito de Internet es el fruto de una necesidad masturbatoria descomunal o simplemente entretenimiento masivo. El caso es que el medio actual ha terminado degradando el sistema. Es como el término "facha", que tras ser usado incansablemente en situaciones que no venían al caso ha terminado por perder su significado y calidad primigenia. A pesar de esto cada uno es libre de hacer con su tiempo, con su polla y con los terabytes de sus discos duros lo que más le plazca.

Entiendo la inclusión de todos los banners que aquí muestro en el acceso a servidores de contenido erótico, es lógico, lo que me resulta desagradable y desafortunado es la localización de los mismos a la hora de reproducir por ejemplo contenido infantil online en StreamCloud. Esto es por culpa de los pornófagos, consumidores sin la necesidad de comprobar calidad alguna. Al igual que con el término "facha" he terminado valorando más la información, el contenido o la fuente de todo aquello que venga sin relación alguna con el porno, no porque lo considere poco decoroso, ni mucho menos porque algunos piensen que sea un jodido meapilas, sino porque los pornófagos, al igual que los comunistas nombra fachas, han terminado por destruir el sentido real del mismo. Las cosas funcionan mejor cuando se encuentran ordenadas y en su sitio.

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