jueves, 2 de febrero de 2017

La maldita generación Netflix

Se podría desarrollar una gráfica inversamente proporcional a la cantidad de horas que le dedica alguien a cumplir el cupo de sus responsabilidades, si es que tan siquiera las tiene, y las horas ingentes que le echa a las series desde que se abonó a Netflix.


Es muy curioso como el mundo de las series o incluso del cine se ha ido desarrollando de tal manera que se engloba dentro de la cultura. Se han equiparado a la lectura. Es cool dedicarle al día cuatro horas a ver series mientras no tienes trabajo alguno y tampoco pretendes buscarlo. Estás viendo series, pero ahora es como si leyeses a Umberto Eco o estuvieses aprendiendo a tocar el arpa. Te engloba dentro de un noble club de gilipollas que pueden pasarse las tardes enteras delante del televisor para salir a la calle a seguir hablando de lo que ven en sus televisores. Y ojo, que en ningún momento digo que engancharse a un producto televisivo sea negativo, el problema es que la mayoría de todos ellos son seres improductivos que se hacen creer a ellos mismos que están engordando su currículum por ver The Walking Dead en versión original, como si de ello fuesen a sacar el mismo rédito que un master bilibgüe en Cambridge.

Son los mismos que repudiaban a los que ahora se llaman gamers, con la diferencia de que estos gamers jugaban cuando habían terminado todos los deberes que les mandaban en la ESO. Ahora no tiene ningún mérito social quedarte en casa el viernes viendo Netflix, ahora no. Son los mismos subnormales que medían la hombría en quién llegaba más tarde a casa al salir de fiesta. Y repito que no me refiero con esto a la totalidad de sus suscriptores, y aunque a lo mejor sólo me pase a mí, les pido que miren a su alrededor y analicen un poco a sus allegados y a como pueden permitirse la zafiedad de hablar de una cantidad abismal de series, con todas sus amplias temporadas y todos sus capítulos cuando siguen en casa viviendo a mesa puesta y mesa quitada.

El culmen es cuando alguien suelta la mejor de todas las perlas: "Al principio es flojilla pero a partir de la cuarta temporada mejora muchísimo." Es para cagarle literalmente en el pecho. Dedicarle cuatro jodidas temporadas a 13 capítulos por temporada y a una hora por capítulo para empezar a decir que ahora sí que le está gustando. Lo más gracioso de todo es cuando cambias de tema y te sueltan que no, que no hay trabajo de lo suyo.

El target al que va dirigido Netflix es sencillamente carnaza, jóvenes ociosos de los que se creen vivir bien informados porque tienen Twitter. Apolíticos, progresistas, o lo que es lo mismo, neocomunistas disfrazados de equidistancia política. Gente que cojea siempre del mismo pie y que empatiza fácilmente con las gracietas en contra que intentan ridiculizar lo tradicional y más conservador. No contentos con todo ello han tenido que sumarse al bando terrorista. Se nota que ni ninguno de ellos ni de sus familiares están entre los casi mil muertos de la banda terrorista de ETA.

Netflix es otro altavoz más del Marxismo Cultural, un importante elemento de esa socialización secundaria donde los jóvenes se sienten más influenciados por los medios de comunicacióny la publicidad de las grandes empresas.

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