jueves, 5 de enero de 2017

La agónica muerte de McDonald's

Todo hay que decir que hablamos de muerte a nivel espiritual, puesto que seguramente a nivel económico la gran M seguirá facturando en positivo miles de millones de euros. Aun así, por muy curioso que parezca una empresa puede estar muerta por dentro a pesar de estar en el ránking de Forbes. Sé que puede llegar a ser complicado entender esta afirmación, pero voy a intentar explayarme un poco.



McDonald's lleva años entre nosotros y no precisamente vendiendo simplemente hamburguesas. Su filosofía era enteramente familiar. Aun recuerdo una de sus mejores publicidades en el propio mantel de papel de sus bandejas, una frase que ponía en boca de un crío que decía así: "No sé qué me gusta más, si la hamburguesa, el regalo del Happy Meal o lo bien que me lo paso con mis padres". Todo eso se marchó con cada llegada de un producto novedoso absurdo, con cada warp sin sentido y con cada botella de agua de color para decorar sus vitrinas. Una cosa es dar tu mejor perfil, otra muy diferente es parecer un gimnasio cuando lo que vendes son productos altamente azucarados. Todavía hay personas que en ciertos momentos del mes no queremos comer sano, queremos cebarnos como cerdos en una cochiquera y pretendemos disfrutar con ello desde el primer minuto antes de salir de casa.



Siempre fui de McDonald's, siempre. Y en cualquier debate a un versus contra Burger King me posicionaba a favor de ellos, entre otras cosas porque sus hamburguesas o sus patatas fritas me parecían jodidamente geniales. A día de hoy son una parodia de lo que fueron, un vulgar chiste sin gracia contando por un andaluz malaje. Lo único que por lo que se libran son por sus salsas, justo por el contrario de lo que han pretendido diferenciarse, por la comida sana.


No sé si será estrategia española del Opus Dei que como dicen controla sus franquicias o por la inmensa gilipollez de pretender que cocineros de prestigio te diseñen una supuesta hamburguesa salseada con un pisto casero a fuego lento que tras la plataforma publicitaria en televisión pasan a ser dos trocitos de tomates recalentados en un microondas. He probado todas, hablo con conocimiento de causa y todas ellas, la BIBO, la McExtreme o la de TopChef me parecieron escupitajos a la cara del cliente. Es cierto que la estrategia sigue entrando por los ojos. Vas y es llamativo y muy posiblemente terminas pidiendo el McMenú nuevo, el más caro, pero no significa que triunfen.

Vivo cerca a dos McDonald's y dos Burger King en una zona residencial muy poblada. Ya no me acerco a ellos como en épocas pasadas porque además cuando me nace el antojo cojo la app de Burger King y hago un pedido a domicilio sumando cupones de descuento y un empleado en moto me trae mi comida caliente y mi bebida fría. Más barato, más rápido y más cómodo. Pero lo que si hago mucho es echar gasolina en una Repsol que lleva aparejada dentro del mismo área de servicio un McDonald's que jamás tiene cola, ni en su McAuto ni en su interior, a pesar de que normalmente siempre tiene clientes consumiendo. Al contrario, en más de una ocasión he ido al Burger King más alejado y perdido de la mano de Dios, en mitad de una gran avenida donde no hay nada, solo ellos, un recóndito paraje en el que no puedes aparecer porque sí, tienes que ir directamente allí. Y cuando por allí paso, sobre todo algunas noches de fin de semana, la cola de clientes dentro y de coches del AutoKing salen fuera del establecimiento.


No diseñan culinariamente ningún producto, no lo hacen pensando en la experiencia gustativa. Todo se configura mirando la contabilidad de resultados. Cuando todavía McDonald's era digna de su nombre lanzó otra de sus campañas en televisión que terminaba diciendo: "Lo importante no es que vengas, lo importante es que vuelvas". Parece que eso se les ha olvidado.

ACTUALIZACIÓN 02/02/2017

Hace un par de días decidí volver a McDonald's, justo al mismo local que mencioné en este post. Entré porque me llamaron la atención unos cupones que tenía en el móvil y porque tenía más hambre que un perrito abandonado. Una vez dentro resulta que ya no existe la posibilidad de hacerle el pedido a un ser humano. Han colocado unas pantallas las cuales tienen que ir leyendo un código QR si quieres hacer uso de cada oferta. Las ofertas en cupones se dividen en Oro, Plata y Bronce y a su vez se vuelven a dividir en ofertas McDonald's y ofertas del local en concreto. Finalmente la empleada tuvo que salir en dos ocasiones de la cocina para explicarnos tanto a otra pareja que no entendía nada como a mí el funcionamiento de dichas ofertas. Nos terminamos marchando con el tiempo ya consumido al Burger King de al lado, donde tan sólo basta con decirle a la cajera el código del cupón para que pedir tu comida.

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