domingo, 29 de enero de 2017

El trastorno mudo de la homosexualidad

Creo que todos los temas que podrían llegar a tocarse aquí éste es el que pudiese herir más sensibilidades y ojo, para nada es mi intención, pero soy conocedor de la piel en carne viva en la que habitan continuamente diversos colectivos minoritarios. Se guarda un silencio sepulcral del que está totalmente prohibido abrir debate alguno. Digamos que todo es cuestionable, todo es relativo, salvo abrirse nuevos caminos y querer comentar en voz alta algunas cuestiones muy chocantes sobre la homosexualidad. Para mí es un tema como otro cualquiera, me vienen importando bastante poco los lobbys y las legiones de paladines de la causa. No existe causa alguna en pleno 2017 en España, más cuando el rumbo que ha tomado esta nación ha sido gobernar por y para las minorías. No tienen ninguna excusa para sentirse atacados. Si así lo desean me pueden ir llamando desde ya homófobo y acabamos antes.

Entiendo y respeto perfectamente la subjetividad del sexo. Me da exactamente igual con quien se meta en la cama cada uno. Me resulta totalmente indiferente la vida privada de nadie, se acuesten mujeres con mujeres u hombres con hombres, e incluso voy un poco más allá, practiquen sexo mujeres con perros u hombres con cabras. Como he dicho ya antes, que lo disfruten, bravo, no lo veo ni criticable ni alarmante. Aun así, el hecho de entender el abanico de posibilidades que ofrece una condición sexual no quiere decir que no sea capaz de cuestionarme lo que observo por la calle. Al igual que me pregunto sobre el espacio exterior no veo nada de malo en querer encontrar el porqué de otras cosas.


La homosexualidad se está llevando a lo absurdo para ser el arma arrojadiza, el amplificador, para dar notoriedad a todo aquello que no debería tenerlo, debería ser algo normal, más en España que hace bastante tiempo que se dejó de perseguir a los homosexuales. Ahora dominan los medios de comunicación, son presentadores de los programas con más audiencia o venden innumerables productos como imagen de marca. Ahora la homosexualidad está de moda.

Cerrando este tema, ahora voy al grano. Decir que la homosexualidad es una enfermedad sería a día hoy condenarme al fuego eterno, al mismo nivel que en época de la Santa Inquisición cagarse en los muertos de media Biblia. El mero hecho de plantearse alguna simple patología mental dentro del amplio espectro de la homosexualidad, aunque fuese un mínimo muestreo en concreto y no en su totalidad, te condenaría al igual que a Galileo a las mazmorras más húmedas y oscuras. No existe planteamiento alguno. Está prohibido.

Todo esto viene porque jamás entenderé como a una mujer le puede atraer físicamente otra mujer con el conjunto sumatorio de todos los rasgos de un hombre. No les atrae lo femenino. Su deseo sexual viene desarrollado por una persona de sus mismo sexo con todos los atributos externos e internos del sexo opuesto, pero eso sí, rechazan el sexo opuesto. Un mujer a la que gustan las mujeres pero mujeres con el pelo corto, que visten como hombres, que hablan como hombres, que andan como hombres, que disimulan sus pechos como si fueran hombres y mi apuras que escupen como hombres. Básicamente un hombre sin pene.

Al igual que los hombres que muy lejos de sentirse atraídos por iconos masculinos como Brad Pitt por poner un ejemplo, buscan como pareja un hombre que habla como una mujer, piensa como una mujer, huele como una mujer, anda como una mujer, fuma como una mujer y a la que solamente le falta menstruar. Básicamente una mujer con pene.

Ahora enciérrenme, tiren la llave por un acantilado y digan lo que les dé la gana, pero jamás llegaréis a conseguir que el ser humano siga haciendo estas reflexiones, por mucho que os joda. Para mí, ahí está el trastorno de ese pequeño muestreo que existe dentro del amplio abanico de la homosexualidad.

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