Durante años nos dijeron que la privacidad era un derecho. Después nos explicaron que también era un riesgo. Y ahora, poco a poco, intentan convencernos de que es un lujo que no podemos permitirnos. No lo hacen con amenazas ni con imposiciones. Lo hacen con sonrisas, con palabras suaves, con esa cadencia tranquilizadora que convierte cualquier decisión en algo razonable.
La propuesta de prohibir el acceso de los menores a las redes sociales responde a ese mismo patrón. Se presenta como protección, como cuidado, como una muralla frente a un mundo hostil. Nadie quiere niños expuestos a la violencia, a la pornografía o a la manipulación. Nadie normal puede oponerse a eso. Y precisamente por eso funciona. Porque empieza en un terreno moralmente incontestable. La historia demuestra que las grandes transformaciones del control social nunca comienzan por el conflicto, sino por el consenso.
Qué es el artículo 13 y por qué su aprobación es "un gran golpe" para internet
Si el problema es saber quién es menor y quién no, la solución técnica es evidente. Identificación. Registro. Verificación obligatoria. No solo para los menores, sino para todos. Porque si no se exige a todos, el sistema no funciona. Y así, de forma casi imperceptible, pasamos de proteger a los niños a registrar a la población. Sin ruido. Sin resistencia. Con aplausos incluso. Porque quien duda parece sospechoso y quien se opone parece tener algo que ocultar.
El debate deja entonces de girar en torno a los menores y empieza a girar en torno al anonimato. El anonimato siempre ha incomodado al poder. Lo fue para las monarquías absolutas, lo fue para los regímenes totalitarios y lo es hoy para sistemas que han descubierto que el control no necesita violencia cuando se disfraza de seguridad. Un ciudadano identificado es un ciudadano previsible. Un ciudadano previsible es un ciudadano gestionable.
La UE sigue queriendo inspeccionar tus fotos y mensajes privados
En ese contexto aparece la ley europea conocida como Chat Control, construida sobre la misma arquitectura moral. La protección de los menores frente al abuso sexual, un horror real que nadie en su sano juicio negaría. Pero el mecanismo no se limita a perseguir delitos concretos. Introduce la posibilidad de analizar comunicaciones privadas de forma preventiva. No a sospechosos, sino a todos. Escanear conversaciones, imágenes, archivos, mensajes que jamás han sido denunciados. La prevención como nuevo principio de una sociedad que ha aprendido a temer antes que a confiar.
EL DERECHO AL ABORTO Y LA NIEBLA
Hace años, cuando el criterio seguía siendo algo que te podías encontrar en alguna esquina, hubiésemos tenidos desde youtubers hasta afamados abogados diputados visitando todos los platós de televisión alzando la voz en contra de tal hazaña. Gente que ha llegado donde está por vivir de una defensa irreal del internauta que nunca nadie le pidió, que nunca nadie necesitó, pero que ahora, cuando las libertades tiemblan, han decidido desaparecer y callar como si hubiesen olvidado todos los artículos de la carrera.
Stop the censorship-machinery! Save the Internet!
Podéis entrar en youtube y buscar sobre aquel artículo 13 de la Unión Europea que iba a destrozar Internet y que no destrozó nada. Podéis buscar a David Bravo, Jaime Altozano, La Red de Mario, Umaru-Chan, Joan Planas, Rodrigo Quesada o Jordi Wild, entre tantos. Podéis dedicarle dos minutos a comprobar cómo se movieron cuando entendieron que sus bolsillos estaban en peligro alertando de la idea de que iban a matar Internet.
No es la primera vez que ocurre. Primero el peligro. Después la tecnología. Luego la renuncia voluntaria. Finalmente el olvido de que alguna vez existió un límite. Como con el COVID-19. Como con aquel pasaporte para poder entrar en un bar. Ese que parece que ahora nunca existió.
Lo inquietante no es solo la vigilancia, sino la normalización de la sospecha universal. El paso de un modelo en el que el Estado necesitaba motivos para vigilar a otro en el que la vigilancia se vuelve permanente y el motivo, si llega, aparece después. Un cambio cultural profundo que apenas se percibe porque está envuelto en palabras nobles. Se habla de seguridad, de responsabilidad, de protección. Se habla poco de poder.
La paradoja es evidente. Nunca hemos tenido tantas herramientas para comunicarnos libremente y, al mismo tiempo, nunca ha sido tan fácil registrar y analizar cada palabra. Hemos construido una red global que nos conecta y, al hacerlo, también la infraestructura perfecta para observarnos. Y todo ocurre sin necesidad de imponerlo por la fuerza, porque el miedo es un argumento más poderoso que la libertad y el coste reputacional de dudar es demasiado alto.
El PSOE intenta torpedear la investigación europea de los abusos a menores en Baleares
Mientras tanto, la vida cotidiana cambia de forma silenciosa. Hoy basta una opinión incómoda, aunque no sea delictiva, para desencadenar campañas de desprestigio, boicots o señalamiento público. Basta una relación, una sospecha, una etiqueta. La reputación se convierte en instrumento de control y la autocensura en estrategia de supervivencia.
Illa desoyó las advertencias sobre abusos a menores tuteladas para proteger a ERC
Hoy, en pleno 2026, Pepe el mecánico y Julia la pescadera, pueden perder su empleo por razones que no tengan absolutamente nada que ver con su profesionalidad. Un día Pepe decide dar una opinión no delictiva, molesta en esta sociedad en el que la ofensa inventada te posicionada socialmente como victima y Pepe recibe una campaña de miles de comentarios negativos y falsos sobre su taller para que ningún cliente nuevo se acerque a su negocio. De igual forma, Julia, otro día cualquiera, por tener un hijo militante en un partido molesto, es identificada y perseguida bajo la culpa de ser la madre de alguien. Una madre que finalmente es despedida porque el negocio ha amanecido lleno de pintadas y destrozos.
DONDE LA IZQUIERDA Y LA DERECHA CONVERGEN
Vivimos tiempos complicados. Muy complicados. Donde las libertades cada vez son más pequeñas porque en ellas te estás jugando el pan de tu familia, donde la autocensura se impone antes que el señalamiento, no vaya a ser que diga algo que moleste y mañana deje de trabajar.
Un tercio de los menores tutelados de Valencia que denunció abusos sexuales tenía menos de 12 años
Quizá por eso cada reforma estructural debería analizarse con serenidad y escepticismo. No para rechazarla automáticamente, sino para comprender qué problema resuelve y qué poder genera. Porque todo poder que se crea, aunque nazca con una finalidad legítima, rara vez desaparece después. Como cuando cierto partido que solo iba a cobrar tres SMI decidió subir un 10% para disfrutar al momento ellos mismos de una subida del 30%. Aunque ya nadie le dé por preguntar por ello.
EL DÍA QUE TVE QUISO NORMALIZAR LA PEDOFILIA
Tal vez dentro de unos años miremos atrás y recordemos que hubo un tiempo en el que podíamos hablar, opinar y equivocarnos sin mostrar un documento de identidad. Un tiempo imperfecto, pero tangible. Un tiempo en el que no sabíamos que estábamos asistiendo, en silencio, al final de una época.
Dos menores tuteladas por Murcia fueron coaccionadas para prostituirse y agredidas sexualmente
Y quizá entonces entendamos que nunca se trató solo de los menores. Se trataba de nosotros. De nuestra docilidad. De nuestra renuncia voluntaria ante los mismos que abandonaron a unos menores tutelados violados en Baleares con la excusa de que eso no debía investigarse porque ocurría en muchos sitios. Y después de decir aquello, pudo irse a su casa a conciliar el sueño.
La Policía sitúa a Martiño Ramos, exmiembro de En Marea, entre los diez fugitivos más buscados
Lo digo abiertamente. Las libertades que yo deseo, las del hombre honrado, las del ciudadano que solo quiere ir a trabajar y dedicarse a su casa, las tenía bastante más garantizadas en cualquier dictadura. En cambio, si quiero vivir de la política para robar a manos llenas, si quiero quemar la tarjeta del sindicato en putas y cocaína, o si quiero sangrar al Estado a través de la gran mentira de una Comunidad Autónoma, es normal que piense que nunca se vivió mejor que ahora.
Ojalá no tengamos que descubrirlo demasiado tarde. Y ojalá reviente el sistema y me pille aquí escribiendo.