2/2/26

Ahora que todo el mundo habla de Epstein

Hoy vengo sumido en un coctel de sensaciones que no sé muy bien cómo definir. Es triste que lo que hace siete años era solo una mentira, un bulo de esos que ahora llaman, hoy sea una verdad indiscutible. Hoy, precisamente hoy, cuando los gobiernos han cambiado, los colores son otros y las agencias verificadoras han dado luz verde a lo que solo unos pocos investigamos y te contamos. De hecho, por sacar algo de pecho, me atrevería a decir que el único rincón en español que vino a desmenuzarte todo el caso Epstein fue este lugar que estás leyendo ahora mismo. Lo digo abiertamente. Las personas se dividen en pastores y rebaños. Yo sé lo que siempre fui.


Con esto de que Epstein sea tendencia en X me he terminado acordando de algún que otro detalle que dejé en el bolsillo en su momento, no como un truco de magia, sino más bien por economía temporal. A veces los post hay que reducirlos lo suficiente para que sigan siendo interesantes y sobre todo para que apetezcan en una segunda lectura. La información, aunque sea veraz, tiene que presentarse de manera atractiva, como un buen plato de comida. Todo entra primero por los ojos. Y ese ha sido siempre el gran problema del mundo conspiranoico. Todo tiende a ser un desorden inabarcable, como si las ideas saliesen de la mente de un esquizofrénico, lo que termina por deslegitimizar el mensaje por muy válido que sea. Por eso, entre otras cosas, busco siempre contarte las cosas como si estuviésemos sentados en una cafetería, solos tú y yo, compartiendo una Coca-Cola, mirándote a los ojos, para que al menos llegues a darte cuenta de, más allá de que me creas o no, no soy ningún loco.


Sabes que no has entrado en tu vida en un blog que analice las cosas más profundamente que aquí. Lo sabes. Y precisamente por eso vuelves y por ello mismo yo sigo escribiendo esperándote con las manos abiertas, porque para mí esto que hago no deja de ser un ejercicio de sanación, una manera de saber que no estoy solo en este mundo por mucho que diariamente compruebe que sí. Internet siempre fue un rincón para escapar de la realidad, pero con el tiempo la realidad se ha convertido en un rincón para escapar de Internet. Y yo no quiero que sea así. Tú me ayudas a mantener la vetusta idea donde Internet sigue siendo el refugio de un nivel de conciencia que no vemos por la calle, donde sigue estando nuestro pijama recién planchado, nuestra sábana más limpia y el vaso de agua más gratificante. Y que así siga siendo.


Tú que me lees, ya sabes de sobra que las élites masónicas y sus diversas ramificaciones siguen un patrón de conducta social y mediática que atiende siempre a dos rituales: el de humillación y el de exposición. Por mucho que os pueda llamar la atención, viven en la necesidad de sobreexponer sus ideas más tenebrosas, sus filias más oscuras y su satanismo. Tan solo tienes que pasearte por un centro comercial, el que quieras, para comprobar cuantas figuras de Moloch con forma de búho venden entre todas las tiendas. Tan solo tienes que encender la televisión para darte cuenta que si quieres triunfar en La Isla de las Tentaciones tienes que llevar una tatuaje masónico. Tan solo tienes que informarte porqué las altas esferas de Telecinco van al único templo de Madrid con forma de pirámide en Valdebevas. Tan solo tienes que revisar ciertos programas de Sálvame donde ridiculizaban a los periodistas con disfraces o los mantenían durante toda la emisión corriendo en una cinta de gimnasio.


Así que, dándole vueltas a todas estas cosas, me acordé del que en su momento fue el tuit con más likes de la historia publicado durante la gala de Los Oscar en 2014. Una foto, el que fuese el selfie más famoso hasta el momento, de la élite de actores de Hollywood sonriendo. Simpático puede parecer. Pero de lo que no se acuerda nadie es que momentos antes, Ellen Degeneres, la presentadora, atendiendo al guion de la gala, pidió pizzas para los allí presentes, a la vista de todos, grabando la entrada del repartidor y ofreciendo porciones a los actores. Pudo haber pedido sushi, pasteles, caramelos o hamburguesas, pero no. Pidió pizza con queso.


Los rituales son los que son y seguirán haciéndose delante de todos. A veces descontextualizados en el tiempo años antes y otras tantas siglos después, pero siempre buscando lo mismo, el llamado primado negativo o más conocido como programación. La idea es que todo lo que hayas visto con anterioridad en cine, series, literatura o televisión, lo termines normalizando. De esta manera, nadie se atrevería a decir que la élite luciferina que domina Hollywood utiliza a los actores más famosos del panorama nacional para exponerlos a través de su simbología. La exposición implica precisamente eso, llevarlo a cabo a la vista de todo el mundo, utilizando las mayores plataformas de audiencia y los mayores eventos emitidos a nivel nacional. Para ellos, las olimpiadas, la final de la SuperBowl, la fumata blanca del Papa o el incendio de NotreDame, son solo herramientas para expandir un mensaje en clave secreta que solo entienden los que han sido instruidos o los que han estudiado su idioma cansados de hacerse preguntas que nadie ni sabía ni quería responder. Nada se deja a la casualidad. Nada. Abre los ojos y comprueba tú mismo que vives rodeado de satanismo. Y llegado a este punto entiende cómo te sería imposible convencer a nadie de que unas pizzas con queso a la vista de todo el mundo no sean sola y únicamente unas apetecibles pizzas con queso.
14.21 © , Contenido Original