lunes, 14 de mayo de 2018

Mercadona y la silenciosa estrategia para acabar con la mendicidad en sus puertas

Me remonto tiempo atrás cuando por aquí ya os conté el porqué de que prácticamente en la puerta de cada Mercadona haya un negro plantado pidiéndote limosna con un par de periódicos de La Farola dentro de una carpetita transparante, para que lo veas bien. Esto corresponde a una estrategia bien trazada del tráfico ilegal de personas. Han cogido el Mercadona como bien podrían haberles dado por colocarse en la puerta de los almacenes de chinos con venta al público, aunque ustedes mismos ya se pueden ir imaginando lo que hubiesen durado allí, intentando afearles el negocio a los asiáticos.

La mendicidad no le resulta agradable a nadie y mucho menos la de aquellos que la instrumentalizan como la forma de vida más cómoda, no precisamente para subsistir. En España, por suerte, nadie se muere de hambre. Existen innumerables comedores sociales y organizaciones, tanto públicas como privadas, que se nutren del Banco de Alimentos para ofertar gratuitamente la posibilidad de no tener que pasar hambre alguna. Dejémoslo claro de una maldita vez. Nadie tiene la necesidad de pedir para comer.


Al igual que El Corte Inglés tiene siempre en su planta baja su sección de perfumería para darte una bienvenida agradable, Mercadona, sin pretenderlo, tiene en sus establecimientos a un mendigo africano con buenas espaldas para cargar sacos en un muelle, que bien vestido y con una línea 4G te pone la manita pidiéndote limosna. Así es como llevamos años iniciando la compras en Mercadona siempre y cuando no accedas con el coche en su parking.

Al igual que lo he visto yo, lo han visto millones de clientes y a su vez lo han visto sus directivos. Siempre y cuando el dinero no te caiga del cielo, cada vez que un ser humano inicia una transacción económica, sea la que sea, está aportando un poquito de esas ganas de cagarte en el mundo cuando te suena el despertador por la mañana. Intercambiar bienes por papel moneda debe ser algo que desde su inicio a su fin resulte gratificante. Es aquí donde falla la primera relación entre Cliente-Mercadona. El negro de la puerta.

Quien a día de hoy se siga tomando el comentario de negro como un problema racial puede ir perfectamente saliendo y cerrando la puerta por dentro antes. Me refiero a ellos como negros, al igual que a los chinos como chinos. Es su característica exterior más significativa. Es así. Quien vea problemas en el uso del lenguaje común tiene un serio problema consigo mismo. Recuerda siempre que en África, el negro serías tú. Y así seguirá siendo siempre.

Mercadona no va a decírtelo jamás, pero yo sí, otra cosa es que quieras creértelo, pero eso ya es una cuestión que tienes que dirimir contigo mismo si de verdad te interesa el tema. Los nuevos supermercados de Mercadona están viviendo un nuevo diseño bastante atractivo. Poco a poco han ido abandonado esa combinación verde-naranja que a mí personalmente siempre me desagradó. Están empezando a maquetar los lineales de venta en color negro y la verdad es que el packaging de los productos cárnicos ha mejorado en elegancia, más si cabe para ser precisamente eso, productos cárnicos. Todo esto forma parte de una estrategia de consolidación, un buen hacer dentro del mundo de las empresas, una modernización interior con la que sin duda alguna, hasta la renovación de su página web, continuará aumentando sus ventas. No obstante, hay algo en todo que les seguía fallando y no era más que el negro de la puerta.

La mendicidad en España, siempre que no intentes "comerciar" con los sentimientos haciendo uso de un menor de edad, no está penada. Cualquier acción, desde la seguridad pública o la privada para eliminar a los mendigos de las puertas del Mercadona le hubiese supuesto a la empresa una reacción social muy negativa. Los grandes empresarios en España son simplemente ejemplo de mal hacer para la clase política progresista y les hubiese venido de perlas tildarles de racistas para reactivar una conexión del Marxismo Cultural en cada puerta de sus establecimientos. Pancartas, boicots, un par de programas televisivos dañinos y el circo montado. Hubiesen conseguido elevar a cuestión de Estado una política partidista en contra Mercadona calentando la calle, como por otra parte vienen actuando siempre. Viéndose venir la posible reacción, tengo que decir que Mercadona ha sido mucho más inteligente que todos ellos.

Por lo general compro con asiduidad en diferentes centros, entre los que se encuentran distintos Mercadonas de diferentes barrios. Uno de éstos se encuentra ya perfectamente reformado, con el nuevo diseño comercial y hay que reconocer que resulta bastante más agradable ir a hacer la compra allí. Esta última vez aparqué, eso sí, en una zona de aparcamientos habilitados en superficie, sin necesidad de acceder al parking subterráneo. Por lo general allí siempre hay una mujer, negra también, que vive pegada a la zona de las carritos pidiéndole a todos los clientes el mismo euro que se necesita para devolverlos. Me llamó la atención no verla, como os digo, siempre es la misma mujer. No había nadie allí, al lado de aquellos carritos. Saqué mi moneda para llevar uno y ahí justo lo comprendí todo.

En noviembre de 2017 optó por implantar una nueva tecnología de bloqueo de ruedas cuando el carrito se alejaba del establecimiento para evitar el robo del mismo, ya que se habían dado cuenta que se encontraban en los mercadillos por un precio cercano a los 60€. Los robos se producían principalmente por el propio material de construcción del propio carrito. A alguien se le incendió la bombilla y en lugar de incrementar el gasto en este nuevo sistema, decidieron rediseñar por completo su estructura.


Mercadona ahora tiene carritos nuevos. Abandonan los metales. Ahora son enteramente de plástico. Hay un nuevo tamaño más pequeño para hacer compras más recogidas, pero aun así para el carro de toda la vida, a pesar de ser ahora algo más grande, la gran novedad es que no resulta necesario introducir ninguna moneda para llevártelo. No hay moneda. No hay mendigo.

Además, a parte de eliminar algún rastro de la mendicidad de la puerta de sus comercios, Mercadona gana otra cosa más que ellos bien saben. En cada comunidad de vecinos suele haber un carrito de algún supermercado, generalmente hurtado. Tiene que desplazarse alguien, cogerlo, introducir una moneda, o una llave, o un enganche o lo que le venga en gana para dejarlo cerca de los ascensores de su bloque e intentar recuperar la monedita, ya sea a golpes, a palos o con artimaña. Ahora algunos pensarán que Mercadona ha facilitado la pérdida de sus carritos ya que el hecho de no introducir dinero facilitará el hurto de los mismos. Pero no es así. Seamos serios. Nadie roba carritos por placer, sino por utilitarismo. Y ya no son de metal. Un carrito por bloque comunitario, a lo sumo, nada más. El mismo carrito que te hace comprar más en todos los supermercados porque los vecinos saben que tienen facilidades para transportar la compra a su casa. Sin ese carrito muchos no comprarían las mismas cantidades. Ellos lo saben, Mercadona lo sabe y ha valorado todas las posibilidades, sumando en ambas: la eliminación paulatina de la mendicidad en la puerta de sus comercios y la pérdida de los carritos para que los vecinos se lo guarden en los garajes y así mientras transporten sus compras, ya las hagan en Carrefour o en Alcampo, sigan viendo a su vez Mercadona delante de sus ojos. Además, a carrito más grande, otro carrito más pequeño, no sólo para facilitar el espacio de los pasillos dentro del establecimiento, sino para todos esos ascensores pequeños de tantísimos bloques de pisos en los que no entraría el nuevo carrito grande de Mercadona.

He aquí la jugada maestra comercial, la estrategia oculta que Mercadona nunca podrá decir en voz alta.

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