martes, 28 de marzo de 2017

El precio a pagar de la Transición española

Para comenzar diré que todo lo que aquí me decido a exponer no es una crítica gratuita a la figura de Adolfo Suárez, uno de los únicos Presidentes de Gobierno de España que apenas se ha llevado palos entre otras cosas porque vivimos en un desmemoriado país y porque su administración durante los años en los que estuvo al frente resultaron estar tan llenos de novedosas y desconocidas situaciones que su pueblo antes tendría que haberle dedicado tiempo necesario para conocerlas en profundidad, y eso señores en una España dividida por dos colores y por el revanchismo de la primera generación de hijos que se sentían perdedores de una guerra en la que jamás lucharon, era pedirle peras al olmo.


Adolfo Suárez fue el encargado de entablar una nueva vía de comunicación entre todas las fuerzas políticas y sociales con la intención de instaurar un régimen democrático y aceptado por la amplía mayoría de españoles. Y así fue. Imagino que la tensión de aquellos momentos necesitada más de mano izquierda que de entrar a matar y es cierto que al menos se consiguió que personas que ideológicamente nada tuviesen que ver se sentasen para llegar a un acuerdo después de cuarenta años de dictadura. El resultado es el actual, para lo bueno y para lo malo.

LA LEGALIZACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA (PCE)

Era el momento de desarrollar una nación fuerte, protegida y potencialmente poderosa, pensando en las puertas de entrada de lo que era Europa. Otros sin embargo, incapaces de dar su brazo a torcer, de renegociar su situación a pesar de ser reconocidos criminales de guerra, se sintieron con el apoyo moral para exigir cuando lo primero que tendrían que haber hecho era callarse.

Recordemos que ninguno de los bandos de aquella España resultó ser democrático. No olvidemos este punto jamás. Hubo una Guerra Civil y reconozco el plausible mérito de que cada bando pelease por lo que ellos considerasen la mejor opción para su nación. Una vez finalizada la Guerra Civil, una vez terminada la dictadura, movidos por unos ideales, por unos apoyos en el exterior y sobre todo por seguir manteniendo unos privilegios diarios, los comunistas y republicanos, padres e hijos, afrontaron el injusto modelo de presionar la legalización del PCE (Partido Comunista de España) cuya ideología jamás podría ser llevada a cabo sino fuese bajo el yugo dictatorial y la doctrina de Stalin. Es decir, se inició un nuevo proceso democrático pasando por alto el hecho de que pretendían forma parte de él un grupúsculo fuerte y resultón de fuerzas totalmente antidemocráticas. Es como poner al lobo a cuidar las ovejas.


Bajo mi punto de vista ningún Estado democrático debería permitir la legalización de un partido político cuyos ideales llevan implícito una dictadura, bajo la cual se han asesinado doscientos millones de personas, al igual que resulta entendible que bajo ninguna democracia existiese un partido nazi. El PCE fue el primer cubo de mierda que tuvo que tragarse la Transición porque no haberlo hecho hubiese supuesto posiblemente otra Guerra Civil. Podrían haberse reconvertido como hizo Alianza Popular, podrían haberse alejado de la hoz y el martillo o podrían haber abandonado la lectura de los discursos stalinistas, pero no. Al parecer el exilio de algunos le aportó la moralidad suficiente como para seguir creyendo que el paseillo era una buena forma de implantar unas ideas.

LOS SINDICATOS

El artículo 7 de la Constitución Española reza lo siguiente: "Los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que les son propios. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos."

Esto vino a desarrollar el chiringuito de una masa social comunista que pretendía vivir del ruido y el cuento. Con esto no quiero decir que los sindicatos sean una opción eliminable, ni mucho menos. Algunos de ellos, pocos, han peleado realmente por la consecución de unos derechos laborables, pero aun así, la protección del trabajador durante la dictadura ante el único y representativo Sindicato Vertical era muchísimo mayor que la que tenemos en la actualidad con una ristra de sindicatos a elegir como si fueran chorizos. Si los sindicatos de por sí solamente tienen que mirar por el bien del trabajador, por el cumplimiento de sus convenios y por la escrupulosidad de sus derechos, ¿qué necesidad existente es la que hay para que haya tantísimos sindicatos representativos que se estén comiendo una partida de los Presupuestos Generales del Estado?.


No vamos a obviar la función de chivatos del régimen que tenía el Sindicato Vertical, pero bajo su orden y mando no se conocen casos por despidos improcedentes, puesto que la organización utilizaba todos sus recursos legales para pelear contra el empresario. Durante la Transición el modelo sindical se prostituyó al mejor postor. Muchas de las barrigas agradecidas de hoy supieron ver en su momento que su futuro no estaba en política, sino en aquellos despachos que movían bastante más dinero que un partido político y a su vez disfrutaban en una enorme medida del poco control social y fiscalización de sus ciudadanos. Fue un grave error llevar a cabo este nuevo modelo cuando debieron abogar por un sindicato único, limpio y democrático. Eso le hubiese dado mayor fuerza al obrero y hubiese eliminado las numerosas duplicidades inventadas para que en vez de vivir uno bien, vivan dos, a costa del trabajo y el esfuerzo de todos.

LA SEPARACIÓN DE PODERES

Para mí la principal señal de una democracia sana viene marcada por su separación de poderes. En resumidas cuentas una democracia es justa cuando el Fiscal General del Estado puede encontrarse totalmente en contra de las decisiones del Presidente de Gobierno y a su vez parte de su Parlamento también resulta encontrarse abiertamente en contra de las decisiones del propio Jefe del Ejecutivo, incluso cuando ese Jefe del Ejecutivo sea el Presidente de su propio partido. Esto en España ni ocurre ni ocurrirá jamás por diversas cuestión que trataremos.

Nuestro sistema no es presidencialista, por lo tanto votamos a los diputamos y senadores para que dichas cámaras se llenen de representados y ellos mismos voten a su propio secretario general del partido. Hasta aquí todo bien. La formación del Poder Legislativo y del Ejecutivo por sí parece digno de una democracia modernizada. Por ahora no vamos a entrar a evaluar las Comunidades Autónomas, la Ley D'Hont o el sin sentido jurídico que supone la existencia del Senado.

El problema ocurre cuando presentamos la formación al Poder Judicial. El ciudadano no vota a los jueces ni a los tribunales, por lo tanto, ¿de quién depende la formación de este poder? Para no aburrir con el tema vamos a comentar la formación únicamente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional.


Con este pequeño esquema en un vistazo os podéis hacer una idea de lo que ocurre cuando alguien tiene mayoría absoluta en el momento de la renovación de las mayores instancias del Poder Judicial. No obstante, también sois conocedores de lo que ocurre en España justo en la posición contraria, cuando gobernar en minoría resulta estar a los once vicios de las representaciones minoritarias más extremistas puesto que la breve historia democrática de España carece por completo de un pensamiento de Estado. El descrédito a ojos de los que hemos gastado tiempo en entender el engranaje del sistema es inefable.


Es una vergüenza. Los tres poderes juegan al corro de la patata cogiditos de las manos mientras el juez Garzón es capaz de sacar un libro hablando de la independencia de la justicia unos años después de ser cabeza de cartel en un mitín del PSOE.

EN CONCLUSIÓN

¿Por qué ocurre todo esto? Entre otras cosas porque así se ha querido desde un principio educar nuestro sistema democrático. Situémonos en el año 1978. La mayoría de la población laboral había nacido durante una dictadura y a pesar de haber sufrido las penurias de todas las posguerra habían entrado en la segunda etapa de socialización disfrutando de una estabilidad laboral. Durante aquellas décadas a pesar de ser pluriempleados lo normal era que alguien se terminase jubilando en el mismo oficio en el cual comenzó o su propia empresa le permitiese la promoción interna creciendo dentro de su propia pirámide. Era la primera generación que comenzó a vivir mejor que sus padres.

Por otro lado la Universidad, posible fuente del desarrollo, estaba más preocupada en correr delante de los grises que en formar a sus alumnos. Digamos que la formación en Derecho Consitucional no era de lo que más se comentase en los pasillos de las facultades de Derecho, entre otras cosas porque España llevaba cuarenta años viviendo bajo una dictadura que nunca necesitó de tanta parafernalia para mantener el buen hacer con un Código Penal envidiable.

Todo esto llevó a que nuestra actual Constitución Española posea parte de unos cimientos en mal estado, a sabiendas, sobre los cuales los más listos y aprovechados de la clase supieron ver una oportunidad magnífica para vivir a costa de todos aquellos que iban a ir a votarla en masa. Fue un mal mayor, puesto que la situación posterior que se consiguió era mucho más positiva que una dictadura de cuarenta años que demasiado duró y nos empezaba a alejar de un nuevo mercado común. 

Era muy difícil prever, más aun con la vorágine de optimismo e ignorancia que se respiraba por las calles ayudando como no de fondo la banda sonora de algún cantautor/a afín al régimen anterior que una vez habiendo visto el percal que se avecinaba no tardó mucho en cambiar la naftalina por el puño y la rosa. 


Este sumatorio de oportunidades y oportunismos terminaría asomando la cabeza décadas más tarde, cuando a día de hoy podemos echar la mirada atrás y comprobar atónitos como de aquellos polvos vivimos estos lodos.

Como bien dijo Victor Manuel: 
"Otros vendrán que el camino más limpio hallarán, deben seguir por la senda que aquél nos marcó. No han de ocultar hacia el hombre que trajo esta paz, su admiración, y por favor, pido, siga esta paz."

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