martes, 28 de febrero de 2017

El radicalismo de llamar a las cosas por su nombre

No soy médico ni dispongo de ninguna titulación cercana a las ciencias de la salud pero creo que ello no me acobardaría a afirmar una verdad absoluta similar a la de que un triángulo tiene tres lados. Desde el principio de los tiempos los niños nacen con pene y las niñas con vulva. El mundo se ha dado la vuelta como un calcetín y estamos sometidos a la presión de una dictadura ideológica marxista que está rozando los límites de la locura. La imposición es tan innecesaria como empobrecedora, pero al parecer es lo políticamente más correcto. Habrá siglos de diferencia pero en la actualidad ya no se queman montañas de libros como hace tiempo, ahora directamente se les prende fuego a las mentes.

La Ideología de Género es el mayor signo de intolerancia y desprecio que pueda brotar a día de hoy de toda la faz de la tierra. Si no han acabado con las vidas de quienes piensan diferente a ellos es simplemente porque no disponen de los medios para ello, sino no lo duden, no estaríamos conviviendo en el mismo recinto que ellos. Es un revanchismo absurdo que les ha llevado ha convertirse en una burda parodia de lo que en su día fueron. Han destrozado todos los años en los que la sociedad homosexual se escondía en los rincones más oscuros por miedo a una represión inquisidora.
Os habéis enterado de que la organización HazteOir ha plantado un autobús naranja en medi
o de Madrid con algo bastante más simple que un eslogan, básicamente con lo que podríamos definir como una premisa biológica. Evidentemente es una acción reaccionaria nada destructiva ante la dictadura del pensamiento LGTB. No incita al odio, ni a la división, tan solo recalca una verdad temperamental ante este aluvión de confeti y purpurina que a veces nos ciega el camino de toda la vida. Las reacciones de aquellos que exigen tolerancia, respeto y una partida directa de los Presupuestos Generales del Estado no se ha hecho esperar.





Podría continuar pero esto me parece un muestreo más que suficiente como para seguir adelante con el tema. Todo este tipo de actitudes ante lo que se considera una organización reaccionaria viene dada por el adoctrinamiento de la maldita Ideología de Género. Educarte bajo la posibilidad de que cada uno tenga el derecho de sentirte lo que quiera sentirse. No es más que otro movimiento marxista con unas bases ateístas que han terminado de convertirse en una doctrina ridícula y digna que cualquier ser humano medianamente centrado termine mofándose abiertamente de todo lo que predican. Ahora ya no existen ni hombres ni mujeres, ni niños ni niñas, ahora un grupo de iluminados, todos ellos bien acomodados y chupando del IRPF de todos los trabajadores, se dedican a diseñar los géneros existentes y posibles, muy alejados todos ellos del varón o la mujer.

Todo esto no deja de ser una ruptura de los roles clásicos y cristianos con los que se ha ido desarrollando la sociedad occidental. Una excusa marxista para romper con nuestros valores populares y una manera más si cabe de seguir viviendo del cuento sin darle un maldito palo al agua.

Ellos, los marxistas, los mismos que hablan de libertad, de tolerancia, de la elección de diferentes testimonios para enriquecer el pensamiento, son los mismos que te pretenden poner un cepo en la boca cuando alguien decide definir biológicamente la naturaleza humana.

Me atrevo a vaticinar un futuro muy próximo y quiero dejarlo aquí escrito. La Ideología de Género por ahora siempre se ha centrado en el género humano, me explico. Cualquiera tiene el derecho de sentirse lo que le dé la gana que la sociedad actual estará medianamente conforme. Está aceptado. La absurdez tocará techo cuando alguna diga ya no sentirse hombre, sino sentirse perteneciente a otra especie. El problema es que me ha sobrado con una búsqueda superficial en Google para encontrar algún caso.



Como bien apareció hace años en Los Simpson muy pronto escucharemos aquello de: "Yo os declaro marido y vaca". 

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