sábado, 19 de mayo de 2018

El chalet de Pablo Iglesias e Irene Montero que no vale 660.000€

Lo que cada uno haga con su dinero a mí me viene dando exactamente lo mismo. Esta manera de pensar y actuar la adquirí el mismo momento en el que empecé a tener conciencia real sobre el valor de las cosas. Resulta que un chaval de mi barrio decidió gastarse 5000 pesetas en una única carta Magic, uno de esos juegos de rol que eran muy populares cuando los niños todavía jugaban en la calle. Con ese dinero podrías adquirir mazos enteros, pero sin embargo él decidió comprar una carta en concreto y encima de segunda mano. Muchos le llamaron loco, pero ese loco no paraba de ganar todas las partidas gracias a esa carta, gracias a esas 5000 pesetas. Yo lo defendí, creo además que fui el único en hacerlo, animado entre otras cosas ya que nunca tuve Magic, por lo que mi objetividad para con él era máxima. Para mí, aquella carta no me iba a suponer perder ninguna partida, ni deseaba tenerla, ni le envidiaba.  Aprendí a jugar con mazos prestados de amigos, pero me limitaba más a mirar de vez en cuando que a formar parte de aquella tribu. Como ya os he dicho yo le defendí, más cuando había quinceañeros críticos que ya estaban empezando a gastarse esas cantidades en coca. 



Con Pablo Iglesias me pasa exactamente lo mismo que con ese colega. A mí su chalet me es totalmente indiferente, no me supone ninguna amenaza, ni tampoco me van a invitar a bañarme a la piscina un fin de semana. Al igual que con aquel chaval, defiendo abiertamente su libertad y su derecho a la propiedad privada. 


Se llamaba Manuel, mi colega, pero todos le decían Manu. Un día me invitó a su casa. Quiso regalarme un mazo de Magic completo, recuerdo que era el verde. Le dije que no, que se lo agradecía, pero que tampoco aquel juego era algo a lo que yo le fuese a dedicar excesivo tiempo, que aquellas cartas que guardaba cariñosamente en sobrecitos de plástico estarían mejor con él, que dármelas a mí era sentenciarlas al fondo del cajón más olvidado de mi cuarto. No era más que su manera de darme las gracias porque en mí encontró el único apoyo moral que no le terminó de hundir las convicciones cuando apareció aquella tarde con la famosa carta por la que me reconoció, en ese preciso instante, que lo que terminó pagando en realidad por ella fueron 50.000 pesetas. 


Lo bueno de todo esto es que Manu, al contrario de Pablo Iglesias e Irene Montero, jamás criticó el gasto voluntario de nadie en aquel barrio. El hijo de Perico, "El Peri", trabajaba en el bar de su tío todas las tardes sólo y exclusivamente para gastárselo en coches teledirigidos de gasolina. Era su gran pasión. Se perdió tardes de patio, de fútbol, de bicicletas, y al menos Manu jamás dijo nada en su contra. Yo tampoco, por eso mismo me los dejaba, pero no quería ni cogerlos. Cogían una velocidad de vértigo y me daba miedo romperle todas aquellas tardes limpiando mesas y cargando barriles.


No hay que ser un gurú de las finanzas mobiliarias para creer, desde mi libertad de expresión, que el chalet de Pablo Iglesias e Irene Montero sobrepase con bastante facilidad la cifra del millón de euros. Cualquiera que conozca el norte de Madrid sabrá que una vivienda unifamiliar en Majadahonda, en Montercarmelo, en Tablas, en Las Rozas, o en Torrelodones superan el medio millón de euros sin la necesidad de tener los dos mil metros cuadrados de parcela. Los 660.000€ no son más que la distracción necesaria, los árboles que a nadie les dejará ver el bosque. Lo que han hecho Pablo Iglesias e Irene Montero ya lo hizo mi colega Manu hace una veintena de años. La diferencia es que él fue más honrado y nunca jamás criticó a nadie.


No considero necesario poner aquí la fotito de Google Earth, ni la dirección completa, ni el cochechito de Street View pidiendo como harían ellos un escrache en una gran zona residencial de La Navata, en Galapagar, ubicación de grandes políticos, toreros, escritores, periodistas o demás famosos de la zona a los que ellos mismos han tachado abiertamente de fascistas. Simplemente voy a dejar las fotografías de la propia inmobiliaria para que vean no sólo la vivienda, sino para que hagan especial hincapié en la reforma y luego valoren, según sus conocimientos y experiencia si 660.000€ es el valor real y total de esta finca.


El problema no es en qué te gastes el dinero, la cuestión reside primero en la regla moral de la que la izquierda siempre se ha creído poseedora, para una vez terminar disfrutando de tus incongruencias, volver a decir lo que no es, por ser incapaz de asumir una realidad. Personalmente no me creo el valor que ha salido a la luz pública y sé que si algunos tuviesen interés, estarían hablando de este mismo tema en sus periódicos, eso sí, dentro de quince días, o cuando más interese. A los que no compramos vivienda para especular, al menos nos queda la libertad de especular libremente conjeturas con el precio de la de otros.



A todo esto le tenéis que restar la exclusiva de la venta de la información y también, como dice Juan Carlos Monedero, restar la herencia. Aunque yo creía que la herencia de los comunistas iba íntegra al Estado.




Creo que para cualquiera que se haya acercado a un banco para pedir una hipoteca resulte innecesario ampliarle explicaciones sobre esta idea de Monedero, tenga la ideología que tenga. Digamos que los únicos que tienen derecho a emprender una vida familiar en condiciones son ellos. Los demás no.

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