viernes, 17 de febrero de 2017

El día que Amazon se saltó la Ley de Protección de Datos

Me gusta Amazon. Creo que durante mucho tiempo se habló de lo que sería el futuro y esta empresa ha sido quien ha ido plasmando esa lejana imaginación para poco a poco convertirla en una realidad actual que nos hace la vida infinitamente más fácil y más económica. No obstante hasta los mayores genios de la historia cometían sus errores. Amazon no iba a ser menos.

Hace unos meses realicé la compra de un producto. El caso es que si la transacción se realizaba entre una determinada fecha el propio fabricante te devolvía un porcentaje del importe de dicha compra, independientemente del establecimiento en el que lo hubieses decidido comprar, que en mi caso fue Amazon. Como llevaba un tiempo detrás de ello esta promoción por parte de la marca lo único que hizo fue empujarme y terminar de ayudarme a tomar la decisión.

La compra fue perfecta como casi siempre en el 99,9% de ocasiones con Amazon. La marca a su vez me pedía una factura un tanto especial para realizar el reembolso. Necesitaba ciertas modificaciones dentro de la propia factura, como el número de serie del propio producto. De esta manera y con esta información me dirigí a Amazon para pedirles una nueva factura con dichos datos. Me comentaron que me llegaría en 24 horas, lo que me dijeron en ningún momento es que mi sorpresa sería mayúscula.


Primero me costó leer más de tres veces el producto en concreto, un ZTE Blade V6 que yo no había comprado en mi vida. Luego me sorprendió todavía más la fecha de 16 de abril de 2016 puesto que mi pedido era mucha más reciente. Finalmente me di cuenta de lo que más curioso de todo y es que la factura no estaba emitida ni tan siquiera a mi nombre. Todos los datos eran de otro cliente.

Eso me hizo plantearme muchas cosas, entre ellas la Ley de Protección de Datos y lo cuidadoso que hay que ser en ciertos trabajos cuando tienes que remitirle información a un cliente. Los datos de la factura están borrados evidentemente por respeto al cliente que posiblemente sigue sin tener ni idea de nada y sufrió el error de uno de los empleados de Amazon. No suelen ser éstos movimientos comunes en ninguna empresa y mucho menos en Amazon, pero lo que nunca sabré es hacía dónde fue enviada mi factura con mis datos. Sólo espero que el receptor haya sido alguien con las mismas buenas intenciones que pueda tener yo. Aun así, se cursó la correspondiente queja formal y recibí las excusas pertinentes que poco podían remediar la falta de confianza que me habían echado por encima como si de un cubo de agua helada se tratase.

Imagino que por eso los lápices llevan goma de borrar.

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