viernes, 6 de enero de 2017

RetroInternet (I) - Introducción

Llevo en Internet desde 1998. Ya ha llovido. De hecho la primera conexión la intenté desde un módem de 14,400 kbps bajo Windows 3.11 pero no hubo manera de conseguirlo, de haber sido así el logo de este blog hubiese sido algo diferente. He vivido un proceso continuo junto a Internet, digamos que hemos crecido a la misma vez, es como un hermano más de mi familia. Y digo es porque lo sigue siendo.

Me atrevería a decir que mi casa fue una de las primeras de España en la que entró el ADSL de Telefónica. Fueron 60.000 pesetas por el alta, más 20.000 pesetas por el módem interno, más la mensualidad que rondarían las 6.500 pesetas. El alto precio de tener una gran ventana al futuro. Esta nueva tecnología más el desarrollo de la última versión de Internet Explorer para Windows 98 que permitía la carga de todas las imágenes de una interfaz web a la vez fueron los primeros avances de una ralentizada Internet que comenzaba a dar sus primeros pasos bien firmes.

Hoy la tecnología y las grandes empresas proveedores de servicios online, a parte de facilitarnos la vida y mejorarnos la experiencia que puede suponer estar sentados en el sofá de casa, han democratizado la sencillez, han repartido los uniformes, han destruido el afán de espeleólogo aventurero del que disfrutábamos a finales de los noventa. Ahora somos uno más, antes sin embargo eramos un loco más.

Spotify, Netflix, Facebook, Twitter, Youtube o incluso Blogger están mayoritamente habitados por todos aquellos seres humanos que nos miraban con recelo aquellos fines de semana en los que quedarse en casa estaba socialmente poco aceptado. Éramos los tontitos de los ordenadores. Ahora resulta cool decir que te quedas en casa todo el sábado viendo Narcos en Netflix, o que sales a hacer running mientras escuchas las nuevas listas de Spotify. Todos esos que nos criticaban abiertamente sobre su superioridad moral de copita y cigarrito son los que ahora pagan por servicios premium, son los que viven enganchados a la podredumbre mental de Facebook, son los que creen vivir mejor informados por hacer retuit de otro retuit de otro retuit del titular que se haya podido sacar cualquier periodista de la manga. Han cambiado la discoteca por PlayGround y los porros por el café a media tarde y los gintonics, pero que no os lleven a engaño, básicamente siguen siendo los mismos gilipollas que antes pero con diploma. Todavía más peligrosos.

Internet es como esa cancha de baloncesto de Venice Beach en la que a pesar de poder jugar cualquiera porque está al alcance de todos de vez en cuando no viene mal decir aquello de que uno llegó antes, que este es mi barrio y vete lejos de aquí a molestar a otro. Los cuatro geeks que empezamos en esto tendríamos todo el derecho del mundo a darle pollazos en los mofletes a todos aquellos que tuvieron la lengua muy larga, pero ahora mal y tarde, pasan bastante más horas que nosotros mirando la última soplapollez a la que tu prima la que se fue a Manchester le dio a Me Gusta en Facebook. Nosotros invertimos aquellas horas en formarnos y fuimos mal mirados, ellos han conseguido normalizar la perdida de tiempo.

Me hace mucha gracia escuchar a un padre decir que su hijo es genial, que es muy inteligente, que no veas como maneja la tablet con cuatro años cuando a lo mejor su papá todavía no sabe configurar una impresora. Pocos son capaces de ver que al padre le sobraron noches en la calle y al hijo le faltan Playmobil en el suelo.

Comienzo con esto la nueva sección de posts que hablarán sobre RetroInternet, aquellos duros pero felices comienzos que habiendo tirado por cualquier camino nos han llevado a día de hoy a ser como somos.

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